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Adelanto de las memorias de Barack Obama: “Jefe, tengo que decir que lo que ha hecho ha sido muy macarra”

Adelanto de las memorias de Barack Obama: "Jefe, tengo que decir que lo que ha hecho ha sido muy macarra"


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Una noche, durante la cena, Malia me pregunt qu iba a hacer respecto a los tigres.
-A qu te refieres, cario?
-Ya sabes que son mi animal favorito, no?
Aos antes, durante nuestra visita anual a Hawi por Navidad, mi hermana Maya haba llevado a Malia, que tena entonces cuatro aos, al zoolgico de Honolulu. Era pequeo pero con encanto, encajado en un rincn del parque Kapiolani, cerca de Diamond Head. De nio pas horas all, trepando a los banianos, dando de comer a las p

alomas que deambulaban por el csped, aullando a los patilargos gibones aupados en lo alto de las caas de bamb. Durante la visita, Malia se haba quedado prendada de uno de los tigres, y su ta le haba comprado en la tienda de recuerdos un peluche del gran felino. Tiger tena las garras regordetas, una panza redonda y una indescifrable sonrisa de Gioconda; Malia y l se hicieron inseparables, aunque para cuando llegamos a la Casa Blanca su pelaje estaba ya algo desgastado tras haber sobrevivido a salpicaduras de comida, haber estado a punto de extraviarse varias veces en casas ajenas, haber pasado ms de una vez por la lavadora y haber sufrido un breve secuestro a manos de un primo travieso.
Yo senta debilidad por Tiger.
-Pues -prosigui Malia- hice un trabajo sobre los tigres para la escuela, y estn perdiendo su hbitat porque la gente tala los bosques. Y la situacin va a peor, porque

el planeta se est calentando por culpa de la contaminacin

. Adems, la gente los mata y vende su piel, sus huesos y dems. As que los tigres se estn extinguiendo, lo cual sera terrible. Y como eres el presidente, deberas intentar salvarlos.
-Deberas hacer algo, pap -aadi Sasha.
Mir a Michelle, que se encogi de hombros:
-Eres el presidente -dijo.
El ambiente de nerviosismo que reinaba en el Congreso no era la nica razn por la que esperaba tener la legislacin sobre topes e intercambios de emisiones a punto para diciembre: ese mismo mes estaba prevista la celebracin en Copenhague de una cumbre sobre cambio climtico auspiciada por la ONU. Tras ocho aos durante los cuales, bajo la presidencia de George W. Bush,

Estados Unidos se haba ausentado de las negociaciones internacionales en torno al clima

, las expectativas en el extranjero estaban por las nubes. Y yo difcilmente poda instar a otros gobiernos a actuar de forma agresiva contra el cambio climtico si Estados Unidos no predicaba con el ejemplo.
Con la expiracin del Protocolo de Kioto prevista para 2012, desde haca ya un ao se venan desarrollando negociaciones auspiciadas por la ONU para un tratado que le diese continuidad, con el objetivo de alcanzar un acuerdo a tiempo para la cumbre de diciembre. Sin embargo, nosotros no nos inclinbamos por firmar un nuevo tratado que se inspirase en exceso en el original.

Mis asesores y yo tenamos dudas sobre el diseo regulatorio del Protocolo de Kioto

; en particular, sobre el uso de un concepto conocido como responsabilidades comunes pero diferenciadas, que haca recaer la carga de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero casi en exclusiva sobre las economas avanzadas y que hacan un uso intensivo de energa, como las de Estados Unidos, la Unin Europea y Japn. En trminos de justicia, pedir a los pases ricos que hiciesen ms que los pobres contra el cambio climtico tena todo el sentido: no solo la acumulacin existente de gases de efecto invernadero era en gran medida el resultado de cien aos de industrializacin en Occidente, sino que la huella de carbono per cpita de los pases ricos era mucho mayor que otros.
El problema era que el Protocolo de Kioto haba interpretado que responsabilidades diferenciadas significaba que potencias emergentes como China, India y Brasil no tenan ninguna obligacin vinculante de reducir sus emisiones. En medio de una brutal recesin, y con los estadounidenses ya furiosos por la continua marcha de puestos de trabajo a otros pases, un tratado que impusiese restricciones medioambientales a las fbricas domsticas sin pedir una actuacin anloga a las que operaban en Shangai o Bangalore no iba a ser aceptable. De hecho, en 2005

China haba superado a EEUU en emisiones anuales de dixido de carbono

.
Necesitbamos una nueva estrategia. Gracias al inestimable asesoramiento de Hillary Clinton y Todd Stern, enviado especial para el cambio climtico del Departamento de Estado, mi equipo prepar una propuesta para un acuerdo provisional de menor calado, basada en

tres compromisos compartidos

. En primer lugar, el acuerdo exigira que todos los pases -incluidas potencias emergentes como China e India- presentasen un plan propio para reduccin de gases de efecto invernadero. En segundo lugar, aunque estos planes no seran de obligado cumplimiento bajo el derecho internacional como s lo son las obligaciones de los tratados, cada pas aceptara la adopcin de medidas que permitiesen a las dems partes firmantes verificar de forma independiente que estaba cumpliendo con las reducciones que se haba autoimpuesto. En tercer lugar, los pases ricos proporcionaran a los pobres miles de millones de dlares en ayudas para mitigar y adaptarse al cambio climtico, siempre que estos ltimos cumpliesen sus compromisos (mucho ms modestos).
Si se diseaba correctamente, esta nueva estrategia podra obligar a China y a otras potencias emergentes a empezar a poner la carne en el asador al mismo tiempo que mantena el concepto de responsabilidades comunes pero diferenciadas del Protocolo de Kioto.
Los pases de la Unin Europea, todos los cuales haban ratificado Kioto y dado dado pasos para reducir sus emisiones, estaban muy interesados en alcanzar un acuerdo que incluyese compromisos de reduccin por parte de Estados Unidos y China con garantas legales. En cuanto a China, India y Sudfrica estaban satisfechas con el

statu quo

y se resistan con obstinacin a cualquier cambio en el protocolo. Estaba previsto que asistiesen a la cumbre activistas y organizaciones ecologistas de todo el mundo. Muchos de ellos vean Copenhague como un momento de todo o nada y veran como un fracaso cualquier cosa que no fuese un tratado vinculante con nuevas y estrictas limitaciones.
Ms en concreto, como

mi fracaso

.
No es justo -dijo Carol-, pero creen que si te tomas en serio el cambio climtico, deberas conseguir que el Congreso y otros pases hiciesen todo lo que fuese necesario.
Tras dos aos de su mandato como el ms prominente de los diplomticos del mundo, Ban Ki-moon an no haba dejado mucha huella en el escenario global. En parte, esto se deba a la naturaleza de su trabajo. El

perfil relativamente bajo de Ban

tambin era consecuencia de su estilo discreto y metdico: una visin nada creativa de la diplomacia que sin duda le haba dado excelentes resultados durante sus treinta y siete aos de carrera en el servicio exterior y el cuerpo diplomtico de su Corea del Sur natal, pero que contrastaba de forma marcada con el refinado carisma de su predecesor en el cargo,

Kofi Annan

. No acudas a una reunin con Ban esperando or historias fascinantes, comentarios ingeniosos o ideas deslumbrantes.

No te preguntaba cmo estaba tu familia

ni contaba detalles de su propia vida fuera del trabajo, sino que, tras un vigoroso apretn de manos y un repetido agradecimiento por reunirte con l, Ban se lanzaba de cabeza a una sucesin de temas a tratar y datos anecdticos, expresados en un ingls fluido pero con fuerte acento y empleando la jerga seria y previsible de un comunicado de la ONU.
A pesar de su falta de chispa, acab sintiendo afecto y respeto por l. Era honesto, directo y de un optimismo irreprimible, alguien que en varias ocasiones se plant ante la presin de los estados miembros para defender las reformas que la ONU tanto necesitaba y que de manera instintiva saba ponerse del lado correcto en cada asunto, aunque no siempre tuviese la capacidad de convencer a otros para que hicieran lo mismo. Ban era tambin persistente; en particular en la cuestin del cambio climtico, que se haba marcado como una de sus prioridades.
Le haba explicado todo lo que tenamos pensado hacer en el mbito interno para reducir las emisiones estadounidenses, as como las dificultades para que el Senado aprobase en el futuro prximo un tratado del estilo del de Kioto. Describ nuestra idea de un acuerdo provisional, y cmo estbamos formando un grupo de grandes emisores, aparte de las negociaciones auspiciadas por la ONU, para ver si hallbamos puntos de encuentro con China sobre la cuestin. Mientras yo hablaba, Ban asenta con educacin, y de vez en cuando tomaba alguna nota o se colocaba las gafas. Pero nada de lo que dije lo distrajo de su misin principal.
Con su crucial implicacin, seor presidente -dijo-, estoy convencido de que podemos hacer que estas negociaciones desemboquen en un acuerdo satisfactorio.
Y as sigui durante meses. Finalmente, en la sesin plenaria de la Asamblea General de la ONU, en septiembre en Nueva York, di mi brazo a torcer y promet al secretario general que hara todo lo posible por acudir, siempre que pareciese probable que de la cumbre saliese un acuerdo que yo pudiese aceptar. Despus, me volv hacia Susan Rice y le dije que

me senta como una adolescente a quien han estado presionando

para que vaya al baile de graduacin con el empolln que es demasiado bueno como para decirle que no.
Cuando lleg diciembre y se inaugur la conferencia de Copenhague, pareca como si mis peores temores se estuvieran haciendo realidad. Habamos enviado a Hillary y a Todd como avanzadilla para que intentasen recabar apoyos para nuestra propuesta de acuerdo provisional y, por telfono, describan un escenario catico, en el que los chinos y los lderes de otros pases del BRIC se haban plantado en su posicin, los europeos estaban frustrados tanto con nosotros como con los chinos, los pases ms pobres clamaban por una mayor ayuda econmica, los organizadores de la conferencia daneses y de la ONU se sentan desbordados y los grupos ecologistas all presentes se desesperaban ante lo que cada vez pareca ms un absoluto desastre.
A pesar de mis reparos, decid que incluso una mnima posibilidad de arrastrar a otros lderes a un acuerdo internacional se impona sobre la repercusin de un probable fracaso. Para hacer que el viaje fuese ms llevadero, Alyssa Mastromonaco prepar un calendario minimalista segn el cual viajara a Copenhague y pasara unas diez horas en Dinamarca -el tiempo justo para pronunciar un discurso y mantener unas pocas reuniones bilaterales con jefes de Estado- antes de dar media vuelta y volver a casa. Aun as, puede decirse que no rebosaba entusiasmo cuando embarqu en el Air Force One para cruzar el Atlntico de noche. Me acomod en uno de los mullidos sillones de cuero de la sala de conferencias del avin y

ped un buen vaso de vodka

, con la esperanza de que me ayudase a dormir unas pocas horas, mientras vea a Marvin toquetear los controles de la gran pantalla de televisin en busca de un partido de baloncesto.
Alguien se ha parado a pensar -pregunt- la cantidad de dixido de carbono que estoy soltando en la atmsfera a consecuencia de estos viajes a Europa? Estoy bastante seguro de que, entre los aviones, los helicpteros y las comitivas,

tengo la mayor huella de carbono de cualquier persona en todo el maldito planeta

.
Mmm… probablemente sea as. Encontr el partido que buscbamos, subi el volumen y aadi: Quiz sea preferible que no lo menciones maana en tu discurso.
El lugar donde se celebraba la conferencia pareca un centro comercial reconvertido. Nos vimos deambulando por un laberinto de ascensores y pasillos (en uno de los cuales, por algn motivo incomprensible, haba toda una fila de maniques) hasta reunirnos con Hillary y Todd para que nos pusiesen al tanto de la situacin. Como parte de la propuesta de acuerdo provisional, haba autorizado a Hillary a comprometerse a que Estados Unidos redujese sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 17 por ciento para 2020, y que destinara diez mil millones de dlares al Fondo Verde del Clima, del total de cien mil millones que aportara la comunidad internacional, para ayudar a los pases pobres en sus esfuerzos de mitigacin y adaptacin al cambio climtico. Segn Hillary, los delegados de una serie de pases haban mostrado inters en nuestra alternativa, pero, de momento, los europeos seguan optando por un tratado plenamente vinculante, mientras que China, India y Sudfrica pareca que se contentaban con dejar que la conferencia acabase en fracaso y culpar de ello a los estadounidenses.

Si puedes convencer a los europeos y a los chinos

de que respalden un acuerdo provisional -dijo Hillary-, entonces es posible, incluso probable, que el resto del mundo haga lo propio.
Pasamos a un enorme auditorio improvisado, donde expuse ante el plenario los tres componentes del acuerdo provisional que proponamos, as como la alternativa: inaccin y acritud mientras el planeta arda lentamente. El pblico estaba apagado pero era respetuoso, y Ban vino a felicitarme cuando termin: tom mi mano entre las suyas y se comport como si le resultase completamente normal esperar que yo intentase salvar las negociaciones bloqueadas y que improvisase la manera de llegar a un acuerdo de ltima hora con los dems lderes mundiales.
El resto del da fue distinto de cualquier otra cumbre a la que asist como presidente. Aparte de la confusin de la sesin plenaria, tuvimos una serie de encuentros ms reducidos, y para ir de uno a otro recorrimos pasillos abarrotados de personas que estiraban el cuello y tomaban fotos. Aparte de m,

el actor ms importante presente all ese da era el primer ministro chino Wen Jiabao

. Haba acudido acompaado de una delegacin gigantesca. Su equipo se haba mostrado hasta entonces inflexible y categrico en las reuniones, y haba negado que China fuese a aceptar cualquier forma de supervisin internacional de sus emisiones, seguro de que, gracias a su alianza con Brasil, India y Sudfrica, contaba con los votos suficientes para bloquear cualquier acuerdo. En mi encuentro bilateral cara a cara con Wen, rechac sus argumentos y le advert que, aunque China entendiese que evitar cualquier obligacin de transparencia era una victoria a corto plazo, acabara siendo un desastre a largo plazo para el planeta. Acordamos seguir hablando a lo largo del da.
Era un avance, aunque mnimo. La tarde se esfum mientras proseguan las sesiones de negociacin. Logramos arrancar de los pases miembros de la Unin Europea y de varios otros delegados el apoyo a un borrador de acuerdo, pero cuando retomamos las sesiones con los chinos llegamos a un punto muerto, porque Wen declin asistir y en su lugar envi a varios miembros de su delegacin que eran, como era de esperar, inflexibles. A ltima hora del da me llevaron a otra sala, repleta de europeos descontentos.
Ah estaban la mayora de los lderes clave, entre ellos

Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y Gordon Brown

, todos con la misma somnolienta mirada de frustracin. Queran saber por qu, ahora que Bush ya no estaba y que mandaban los demcratas, Estados Unidos no poda ratificar un tratado del estilo del Protocolo de Kioto. En Europa, decan, hasta los partidos de extrema derecha aceptan la realidad del cambio climtico. Qu les pasa a los estadounidenses? Sabemos que los chinos son un problema, pero por qu no esperar a un acuerdo futuro para obligarlos a ceder?
Durante lo que pareci una hora los dej hablar, respond a sus preguntas, simpatic con sus inquietudes. Finalmente, la realidad de la situacin se impuso en la sala, y fue Merkel quien se encarg de expresarla en voz alta.
-Creo que lo que Barack describe no es la opcin que habramos deseado -dijo con calma-, pero puede que sea nuestra nica opcin hoy. As que… esperemos a ver lo que dicen los chinos y los dems, y luego decidamos. -Y, volvindose hacia m, aadi-: Vas a reunirte con ellos ahora?
-Sip.
-Buena suerte, entonces -aadi, mientras se encoga de hombros, ladeaba la cabeza, bajaba el labio inferior y elevaba ligeramente las cejas; el gesto de

alguien con experiencia en acometer tareas desagradables pero necesarias

.
Todo el empuje que pudisemos haber sentido al salir de nuestro encuentro con los europeos se disip enseguida en cuanto Hillary y yo volvimos a nuestra sala. Marvin nos inform de que una terrible tormenta de nieve se estaba desplazando por la costa este, por lo que, para que llegsemos sanos y salvos a Washington, el Air Force One tena que estar en el aire en dos horas y media.
Mir mi reloj.
-A qu hora es mi siguiente reunin con Wen?

-Ese es el otro problema, jefe -dijo Marvin-, no encontramos a Wen.

Me explic que cuando nuestro equipo se haba puesto en contacto con sus homlogos chinos, les haban dicho que Wen iba ya camino del aeropuerto. Circulaban rumores de que en realidad segua en el edificio, en una reunin con los otros lderes que haban estado oponindose a que se supervisasen sus emisiones, pero no habamos podido confirmarlo.
-Quieres decir que est evitndome.
-Tenemos a gente buscndolo.
Unos minutos ms tarde, Marvin volvi para decirnos que haban visto a Wen y a los lderes de Brasil, India y Sudfrica en una sala de conferencias varios pisos ms arriba.
-Pues vamos all -dije, y volvindome hacia Hillary, pregunt-:

cundo fue la ltima vez que te colaste en una fiesta?

Se rio.
-Hace tiempo ya -dijo, con aspecto de chica formal que ha decidido soltarse la melena.
Con una pandilla de ayudantes y de agentes del Servicio Secreto apresurndose tras nosotros, nos abrimos camino hasta el piso de arriba. Al final de un largo pasillo encontramos lo que andbamos buscando: una sala con paredes de cristal, con apenas espacio para una mesa de reuniones, alrededor de la cual estaban sentados los primeros ministros Wen y Singh junto a los presidentes Lula y Zuma, adems de varios de sus ministros. El equipo de seguridad chino avanz para interceptarnos, con las manos levantadas como si nos ordenasen detenernos, pero dudaron al darse cuenta de quines ramos. Con una sonrisa y una inclinacin de cabeza, Hillary y yo atravesamos su posicin y entramos en la sala, dejando tras de nosotros un ruidoso forcejeo entre los agentes de seguridad y el personal que nos segua.
Tienes un momento para m, Wen?, dije en voz alta, mientras

vea cmo el lder chino se quedaba boquiabierto por la sorpresa

. A continuacin, recorr la mesa dndole la mano a cada uno de ellos. Caballeros! Los he estado buscando por todas partes. Qu tal si intentamos llegar a un acuerdo?.
Antes de que nadie pudiese negarse, tom una silla vaca y me sent. Al otro lado de la mesa, Wen y Singh permanecieron impasibles, mientras que

Lula y Zuma, avergonzados, bajaron la mirada hacia los papeles que tenan delante

. Les expliqu que acababa de reunirme con los europeos y que estaban dispuestos a aceptar el acuerdo transitorio que proponamos si el grupo presente respaldaba incluir alguna disposicin que garantizase la creacin de algn mecanismo que verificase de forma independiente que los pases estaban cumpliendo sus compromisos de reduccin de gases de efecto invernadero. Uno a uno, los otros lderes explicaron por qu nuestra propuesta era inaceptable: Kioto funcionaba perfectamente; Occidente era responsable del calentamiento global y ahora esperaba que los pases ms pobres ralentizasen su desarrollo para resolver el problema; nuestro plan infringira el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas; el mecanismo de verificacin que proponamos violara su soberana nacional. Despus de una media hora de toma y daca, me recost en la silla y mir directamente al primer ministro Wen.
-Seor primer ministro,

se nos acaba el tiempo

-dije-, as que permtame que vaya al grano. Imagino que, antes de que yo entrase en esta sala, el plan era que todos ustedes se fuesen de aqu y anunciasen que Estados Unidos era responsable del fracaso a la hora de alcanzar un nuevo acuerdo. Creen que si se resisten durante un tiempo suficientemente largo, los europeos desistirn y firmarn otro tratado del estilo del de Kioto. Lo que ocurre es que yo les he explicado con toda claridad que no puedo hacer que nuestro Congreso ratifique el tratado que ustedes quieren. Y no hay ninguna garanta de que los votantes europeos, canadienses o japoneses vayan a estar dispuestos a seguir colocando a sus industrias en situacin de desventaja competitiva y a seguir dando dinero para ayudar a los pases pobres a lidiar con el cambio climtico mientras los mayores emisores del planeta se desentienden de la situacin.
Por descontado, puede que me equivoque -prosegu-. Quiz puedan convencer a todo el mundo de que la culpa es nuestra. Pero eso no impedir que el planeta siga calentndose. Y, recuerden, yo tengo mi propio megfono, y es bastante potente. Si salgo de esta habitacin sin un acuerdo, mi primera parada ser el vestbulo, donde toda la prensa internacional est esperando noticias. Y les contar que estaba dispuesto a comprometerme a

una gran reduccin de nuestros gases de efecto invernadero

y ofrecer a miles de millones adicionales en ayudas, y que cada uno de ustedes decidi que era mejor no hacer nada. Lo mismo les dir a todos los pases pobres que se beneficiaran de ese dinero. Y a todas esas personas en sus propios pases que, se espera, sean quienes ms sufran debido al cambio climtico. Y veremos a quin creen.
Una vez que los intrpretes terminaron de transmitir mi mensaje, el ministro chino de Medioambiente se puso en pie y empez a hablar en mandarn, elevando la voz y gesticulando en mi direccin, con el rostro enrojecido por la indignacin. As sigui un par de minutos, sin que el resto de los presentes tuvisemos muy claro qu pasaba, hasta que el primer ministro Wen levant una mano fina y venosa y el ministro se sent de forma abrupta. Reprim las ganas de rer y mir a la joven china que haca de intrprete para Wen.

Qu ha dicho mi amigo?

-pregunt. Antes de que pudiera responderme, Wen movi la cabeza y murmur algo. La intrprete asinti y se volvi hacia m.
-El primer ministro Wen dice que lo que el ministro de Medioambiente ha dicho no tiene importancia -explic-. Y pregunta si tiene usted aqu el acuerdo que propone, para que todos puedan volver a revisar la redaccin concreta.
Hizo falta otra media hora de tira y afloja, con los otros lderes y sus ministros mirando por encima de mi hombro y el de Hillary mientras yo subrayaba a bolgrafo algunas de las frases del arrugado documento que haba llevado en el bolsillo, pero cuando sal de la sala el grupo haba aceptado nuestra propuesta. Volv corriendo al piso de abajo, y dediqu otros treinta minutos a conseguir que los europeos aceptasen los ligeros cambios que los lderes de los pases en desarrollo haban pedido. La nueva redaccin se imprimi y se distribuy a toda prisa. Hillary y Todd hablaron con los delegados de otros pases clave para que contribuyeran a ampliar el consenso. Hice una breve declaracin ante la prensa en la que anunci el acuerdo transitorio, tras la cual reunimos a nuestra comitiva y salimos pitando hacia el aeropuerto.
Llegamos con diez minutos de margen respecto a nuestra hora lmite para despegar.

En el vuelo de vuelta reinaba un animado alboroto

mientras los miembros del equipo repasaban las aventuras del da para poner al tanto a quienes no haban estado presentes. Reggie, que llevaba conmigo el tiempo suficiente para que ya nada lo impresionase demasiado, exhiba una amplia sonrisa cuando asom la cabeza en mi camarote, donde yo estaba leyendo una pila de informes.

Jefe, tengo que decir que lo que ha hecho ha sido muy macarra.

La verdad es que me senta muy bien. En el mayor escenario posible, en una cuestin importante y contrarreloj, me haba sacado un conejo de la chistera. Es verdad que la prensa recibi el acuerdo transitorio con divisin de opiniones, pero habida cuenta del caos de la conferencia y de la obstinacin de los chinos, yo segua vindolo como una victoria, un paso intermedio que nos ayudara a que el Senado aprobase nuestro proyecto de ley sobre cambio climtico. Pero lo ms importante era que habamos logrado que China e India aceptasen -con todas las reticencias y reparos que se quieran- la idea de que todos los pases, no solo los occidentales, tenan la responsabilidad de contribuir a detener el cambio climtico. Siete aos despus, ese principio bsico resultara fundamental para alcanzar el revolucionario Acuerdo de Pars.
Aun as, mientras miraba por la ventana desde mi escritorio y vea cmo la oscuridad se quebraba cada pocos segundos por el destello de la luz en la punta del ala derecha del avin, me asaltaron pensamientos que me hicieron bajar rpidamente a tierra. Repas todo lo que habamos tenido que hacer para conseguir ese acuerdo: las incontables horas de trabajo de un equipo dotado y entregado; las negociaciones entre bastidores y el cobro de favores; las promesas de ayuda; y, al final, esa intervencin en el ltimo minuto, basada tanto en

mi bravuconera improvisada

como en un conjunto de argumentos racionales. Todo eso para un acuerdo transitorio que, incluso si funcionaba exactamente como estaba previsto, sera en el mejor de los casos un paso preliminar e intermedio hacia la resolucin de una posible tragedia planetaria, un cubo de agua contra un incendio desatado. Me di cuenta de que, a pesar de todo el poder asociado al cargo que ocupaba, siempre habra un abismo entre lo que saba que haba que hacer para lograr un mundo mejor y lo que en un da, semana o ao me vea capaz de lograr en la prctica.
Era ya tarde cuando entr en la residencia. Michelle estaba en la cama, leyendo. Le cont cmo haba ido mi viaje y le pregunt por las nias.
-Estn muy ilusionadas con la nieve -me contest-, aunque yo no tanto. -Me mir con una sonrisita comprensiva-. Seguro que Malia te preguntar en el desayuno si salvaste a los tigres.
Asent mientras me aflojaba la corbata.

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