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“Borat 2” y el delicado balance entre la sátira y los malos estereotipos

“Borat 2” y el delicado balance entre la sátira y los malos estereotipos



-“¡Michael Penis! ¡Traje una chica para ti!”. Todo sucedió en un gran auditorio de Maryland, en febrero de este año. O sea, con la sombra de la pandemia tocando nuestras puertas. Arriba, en el estrado, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, hablaba sobre el tema: “Aunque el riesgo de coronavirus sigue bajo, como dijo ayer el presidente, estamos listos para lo que sea”. De pronto, irrumpió en la escena el mismísimo Donald Trump, que cargaba un cuerpo como si fuera un saco. “¡Traje una chica para ti”, le grita a Pence. La cara con la que reacciona el republicano debería convertirse en un polo… para los demócratas.

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Aunque con Trump muchos duden si se trata de comedia, drama o política, quien en realidad vestía como él era Borat Sagdiyev. O, mejor dicho, Sacha Baron Cohen, el talentoso actor británico que lo interpreta. Ocho meses después de aquella noche, y tras más de 8 millones de contagios en el país, incluidos el propio presidente norteamericano y su esposa, las palabras de Pence suenan más vacías aún. En aquel momento, los periodistas y el público presentes pensaron que se trataba, simplemente, de la intervención de un manifestante opositor que fue rápidamente reducido por agentes de seguridad.

Lo que en ese momento pocos sabían era que el happening formaba parte de la nueva película de Borat. Al mismo estilo de la primera, el corresponsal kazajo susceptible a los choques culturales prepara un nuevo documental sobre las costumbres, opiniones y vida cotidiana de los americanos, como ya lo hizo, pero en esta oportunidad será a puertas de que decidan el destino de su nación en los tiempos más complicados del siglo. Sus interlocutores, generalmente, son sorprendidos, convertidos en parte de la sátira, como si todo se tratara de una cámara escondida. Este 23 de octubre Amazon Prime estrena su nueva incursión, “Borat Subsequent Moviefilm”, en la que se hace parte de la campaña presidencial norteamericana en tiempos de cuarentena, distancia social y coronavirus.

¿SÁTIRA O CLICHÉ?

“¡Jagshemash! Mi nombre es Borat. Usted gustarme. Gustarme el sexo. Es bueno. Este es mi país, Kazajistán. Encontrarse entre Tayikistán, Kirguistán y cabrones de Uzbekistán”. Así se presenta ante las cámaras este personaje, que aparenta ser un estereotipo folklórico proveniente de las montañas de alguna antigua y remota nación soviética. Es altísimo, bigotón, cutre, pero buena onda. Incluso inocentón en muchas cosas, a pesar de su racismo y su misoginia culturalmente asimilados. Tan pronto viste un terno gris como un monokini amarillo chillón.

Al nativo de la aldea de Kuczek le molestan los uzbekos, le teme a los judíos, ama a Pamela Anderson. Atraviesa un país por ella. “Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan” (2006), fue un éxito absoluto en su estreno, a pesar de que no le gustó nadita a las autoridades kazajas. Era entendible. Porque, a pesar de la sátira notoria, siempre es importante preguntarse, ¿qué pasaría si las burlas fueran con tu país?

Sin embargo, Sacha Baron Cohen ha sabido defenderse. “Algunos críticos dicen que mi comedia se arriesga a reforzar viejos estereotipos. La verdad es que he sido un apasionado de desafiar el racismo y la intolerancia a través de mi vida. Como un adolescente en Inglaterra marché contra el Frente Nacional Fascista y para abolir el apartheid”, confesó hace poco. “Como estudiante viajé a través de América y escribí mi tesis sobre el movimiento de los Derechos Civiles, con la ayuda de los archivos de la Liga Antidifamación. Y como comediante, he tratado de usar mis personajes para conseguir que la gente baje la guardia y revele qué es en lo que cree, incluyendo sus propios prejuicios. Ahora, no voy a reclamar que todo lo que hice fue por un ‘objetivo superior’. Sí, algo de mí comedia, probablemente, la mitad, es también algo juvenil; y la otra mitad completamente pueril, pero admito que no hay nada tan particularmente esclarecedor sobre mí como Borat de Kazajistán, el primer periodista de las ‘fake news’”, agregó Baron Cohen en noviembre último, cuando fue premiado por la Liga Anti Difamación de los Estados Unidos, una organización representativa en la lucha de los derechos civiles que combate el racismo, el odio y la intolerancia.

Al premiarlo, indicaron que, “a través de sus alter egos, muchos de los cuales representan a antisemitas, racistas y neonazis, Baron Cohen arroja una luz penetrante sobre la ignorancia y los prejuicios de la gente”. ¿Qué más oportuno que el momento actual para contemplar el regreso de un personaje al que llaman “políticamente incorrecto”?

Borat/Baron Cohen es el mismo hombre que recorrió Estados Unidos, desde Nueva York a California, a bordo de un camión para helados, acompañado por su productor kazajo, con un oso amarrado en la parte de atrás y una gallina en la maleta, soñando un matrimonio con Pamela Anderson, la bella C.J. Parker de “Baywatch”, mientras pasaba por múltiples aventuras, incluida la pelea con su productor, que los hizo corretear calatos por lobbys, pasillos y ascensores de un hotel; la borrachera con desconocidos en un camper tras tirar dedo; la cena con el grupo más conservador de la ciudad a la que invitó a una prostituta; su huida de un alojamiento solo por temor a sus caseros judíos; el aprendizaje del lenguaje rapero con unos jóvenes afroamericanos o la fogata llorosa que enciende tras ver el video íntimo de su musa con Tommy Lee.

Pero esta vez no se ha limitado a las imágenes costumbristas de la América más tradicional y prejuiciosa. También convivió con seguidores de teorías conspirativas, pretendió un aborto en una clínica de antiabortistas y ridiculizó en una comprometedora situación a Rudolph Giuliani, el exalcalde de Nueva York, abogado de Trump. Tras pasar 14 años condenado a trabajos forzados en su natal Kasajistán, el periodista Borat Sagdiyev volvió a Estados Unidos para cumplir una última misión a cambio de su libertad: regalarle un chimpancé a Mike Pence para recuperar el honor de su país ante el mundo. Es difícil explicar cómo cambia todo, pero termina intentando ofrecer a su propia hija como regalo, en una de las más delirantes situaciones que ha tolerado la comedia en los últimos años. ¿Quieren saber más? Busquen a Borat en Amazon Prime. God bless America.

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