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Censura merecida, alternativa errnea | Opinin

Censura merecida, alternativa errnea | Opinin


Snchez merece censura, pero se beneficia de una oposicin dividida por una competicin partidista contraproducente

CHEMA MOYA / EFE

Hoy comenzar a debatirse la mocin de censura de Vox contra el Gobierno en la sede de la soberana de una nacin traumatizada por el miedo a la enfermedad y a la ruina. Ese trauma ha sido agravado como en ningn pas por la psima calidad de su gobernanza, segn hemos denunciado en EL MUNDO y segn seala ya la prensa europea, que se pregunta si Espaa es un Estado fallido. Padecen los espaoles el peor Gobierno en el peor momento. Sus muestras de negligencia, incompetencia, ocultamiento, inhibicin, arbitrariedad, autoritarismo y falsedad merecen sin duda la censura de la Cmara. Oponerse a la calamitosa gestin de Snchez y al sectarismo autoritario que patrocina es algo que ha hecho ya hasta Bruselas, donde acaban de reprobar el infame propsito de contrarreforma judicial de Snchez.

Pero a la oposicin no solo se le exigen argumentos sino tambin eficacia. La iniciativa de Abascal quiz resulte rentable en trminos de facturacin electoral para su partido: por unos das Vox recuperar foco y algunos votos que haban regresado al PP en pos de la experiencia de gestin que sac a Espaa de las crisis de Gonzlez y Zapatero. Pero agudizar la divisin de la alternativa al sanchismo cuando urge trabajar por reconstruirla delata un mvil ms partidista que patritico.

Vox se opone a Snchez como adversario pero tambin a Casado como competidor. Ciertamente, al Parlamento no solo se va a ganar iniciativas sino a parlamentar, a debatir. Pero importa sealar la diferencia esencial entre la tctica populista, que logra prricas subidas en los sondeos a caballo de la polarizacin, y la estrategia racional, capaz de armar un propuesta que gane unas elecciones para coser las heridas de una sociedad abatida. Vox imita lo que Podemos, siendo tambin tercera fuerza, hizo para intentar un sorpasso al PSOE que fracas. De aquella mocin sali un Rajoy ms fuerte pese a la corrupcin, igual que de esta saldr una mayora Frankenstein ms cohesionada ante la amenaza comn que para sus integrantes encarna Vox. Que Snchez e Iglesias se peleen por dar la rplica en tribuna indica hasta qu punto se toman la mocin como un baln de oxgeno, la ocasin de desviar el foco de su catastrfica gestin hacia la amenaza ficticia del fascismo.

Insistimos: Snchez merece censura. Pero la de Vox no le aleja de Moncloa sino que le refuerza en el cargo mientras la oposicin se encuentre dividida y ms atenta a dirimir competiciones orgnicas que colaboraciones patriticas. Aunque Casado no ha querido desvelar el sentido del voto del PP, ha trascendido que ser negativo. Es posible que la abstencin sea la opcin ms coherente, pues es la nica que concilia el no al sanchismo con el no a una candidatura populista de signo opuesto. Pero todava no hemos odo a Casado. La poltica de la frontalidad no revela mayor rectitud sino menor inteligencia, y a menudo desemboca en la melancola. El Congreso es el lugar adecuado para que el jefe de la oposicin presente su alternativa y aquilate su liderazgo con elocuencia y coraje. La pinza entre Snchez y Vox es incmoda para l, pero el espacio que no se defiende se cede, y son los momentos de confusin e incertidumbre los que miden a los lderes genuinos.

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