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El Gran Hermano de Pedro Snchez

El Gran Hermano de Pedro Snchez


Al contrario que en una democracia liberal, pretende que sea el poder el que vigile y evale a su contrapoder

JAVI MARTNEZ / EL MUNDO

No fue un lapsus lo del general Jos Manuel Santiago Marn, ascendido a jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil dos meses despus de revelar en rueda de prensa que estaban trabajando para minimizar el clima contrario a la gestin de crisis por parte del Gobierno. Las palabras del general causaron el comprensible revuelo en la opinin pblica, con buenas razones para maliciarse que la pandemia y los bulos asociados a ella eran la coartada perfecta del Gobierno para blindarse ante las crtica

s

que estaban desnudando su catastrfica gestin, sealada dentro y fuera de nuestras fronteras.
El general Santigo lea lo que le haban escrito. Y se lo haban escrito los mismos que dirigirn una Comisin Permanente contra la desinformacin bajo el paraguas del Consejo de Seguridad Nacional. Las riendas de este

siniestro organismo de resonancias orwellianas

las llevarn Ivn Redondo, jefe del gabinete de la Presidencia del Gobierno, y Miguel ngel Oliver, secretario de Estado de Comunicacin. Es decir, al contrario de lo que sucede en las democracias liberales convencionales, pretenden que sea el poder el que evale a su contrapoder.
La deriva autoritaria de Snchez emite seales claras desde hace mucho tiempo. Lamentablemente, demasiados elementos del cuarto poder que estos das ponen el grito en el cielo -con razn- por la ltima cacicada de Trump, que ha denunciado sin pruebas un pucherazo porque las urnas le perjudican,

callan ante los atropellos patrocinados por la pareja crecientemente populista que forman Snchez e Iglesias

. El desprecio del lder de Podemos por el periodismo independiente y la empresa de medios privada es pblico y notorio, al punto de montarle un chiringuito digital a Dina Bousselham para difamar a sus adversarios y asegurarse su lealtad en el caso judicial que tiene abierto. Tras el intento de asalto a la polaca al Consejo General del Poder Judicial, frenado por Europa, nos encontramos con este burdo intento de

fiscalizar a los medios de comunicacin bajo el pretexto de vigilar su libertad y pluralidad

. La mejor manera de fomentar ambos valores desde el poder, seor Snchez, es renunciar a suplantar la tutela judicial, la nica que pesa sobre los medios en una democracia.
La voracidad propagandstica del sanchismo es insaciable. Rebasa los medios de titularidad pblica -PSOE y Podemos ultiman ya un plan para prolongar su bananero control de la RTVE- para alcanzar poderes fcticos del sector privado que no son inmunes ni a la venalidad ni al sectarismo, por desgracia. Pero

no contento con la hegemona meditica ms abrumadora

que haya disfrutado ningn presidente -y uno con la mayora ms precaria de la democracia-, Snchez da un paso ms y monta un rgano de vigilancia propio del rgimen iliberal de Orbn. Ms que con leyes revanchistas de memorias parciales, el franquismo se combate evitando aorar su facultad censora.
Al filtro de las preguntas telemticas de los periodistas en la primera ola se le suma ahora esta

zafia maniobra liberticida

, disfrazada de preocupacin por las

fake news

. Pero no ser el Gobierno ms inepto y desptico de la democracia el que silencie a los medios libres. Es hora de seguir denunciando,

con renovado coraje

, los abusos del poder.

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