Farándula

«Es angustiante, desesperante, invalidante. Cada vez salen a la luz más casos como el mío»

«Es angustiante, desesperante, invalidante. Cada vez salen a la luz más casos como el mío»



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Es duro, desesperante más bien, llevar 87 días con síntomas de una enfermedad, algo que nunca pensé que podría pasar. Pero aquí sigo, con febrícula a diario de hasta 37,7, cefaleas, mareos, fatiga, dolor en el pecho y pulsaciones por las nubes al hacer algo tan rutinario como ducharme.

Mi historia comienza a mediados de marzo, antes de decretarse el estado de alarma. Ya éramos todos conscientes de que esto parecía más grave de lo que el Gobierno nos quería hacer creer, así que extremábamos las precauciones. Pero llegó el 13 de marzo y, antes de llegar al trabajo, un compañero me avisó que no iba. Tenía tos y febrícula y le dieron la baja por Covid. Ese día en la oficina aparecieron más casos y empezamos una cuarentena en casa por contacto estrecho con contagiado.

El 16 de marzo me empiezo a encontrar mal, me dolía muchísimo la cabeza y había tosido un par de veces por la tarde. Me puse el termómetro y, desde ese momento hasta el día de hoy, he tenido febrícula todos los días. Al día siguiente llamé al teléfono habilitado de la comunidad, desde el que me derivaron al centro de salud y comenzaron a hacerme seguimiento telefónico.

Desgraciadamente cada día estaba peor, con falta de aire, muchísimo cansancio, cada vez más tos. A las tres semanas del inicio de los síntomas me detectaron una neumonía y, sin ingreso, me pusieron tratamiento de hidroxicloroquina y antibiótico que tomé en casa, aislada en mi habitación por supuesto, donde he estado diez semanas hasta que la PCR ha salido negativa.

Increíblemente en el hospital no me hicieron PCR pese a tener neumonía y alterados los marcadores Covid de la analítica. Por falta de reactivos, solo hacían el test a las personas que ingresaban. ¡Cómo serían las cifras oficiales de contagiados si se hubieran contabilizado todos los casos!

La primera PCR me la hicieron el 4 de mayo, a las siete semanas, y dio positivo. Después de tanto tiempo… la carga viral debía ser muchísima. A las diez semanas me la repitieron, por suerte esta vez fue negativa y por fin salí del aislamiento. No puedo describir lo que sentí al abrazar a mi marido y a mis hijos.

Pese a ello, los síntomas perduran. Es angustiante, desesperante, invalidante. Pero al menos ya no me siento un bicho raro, pues cada vez salen a la luz más casos como el mío, incluso se están formando en las redes sociales grupos de “Covid persistente”, para que de alguna manera se establezca un protocolo de seguimiento de pacientes que estamos en esta situación. Es verdad que es un virus nuevo y las respuestas son escasas, pero esperemos que visibilizando estos casos puedan darnos un tratamiento adecuado.

A las enfermeras y doctoras del centro de salud Loranca, de Fuenlabrada, que me hacen seguimiento telefónico y me han hecho placas, analíticas y consultas presenciales cuando lo he requerido durante este tiempo con los pocos medios de los que disponen, pero con toda la amabilidad, les doy las gracias. Ojalá dentro de poco pueda escribir otra carta contando cómo lo superé. Mientras tanto, seguiré luchando contra este virus con las pocas fuerzas que me deja.

* Nieves Cámara Chica vive en Fuenlabrada.

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