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incertidumbre, aperturas parciales y más de 400 millones de estudiantes que no volverán a las aulas

incertidumbre, aperturas parciales y más de 400 millones de estudiantes que no volverán a las aulas


En este inicio de curso en plena pandemia, las imágenes de niños sentados en sus pupitres seguirán sin ser lo más habitual en todo el mundo. Seis meses después del cierre de centros educativos que se extendió como la pólvora en más de 190 países y afectó al 90% de la población estudiantil, el escenario global continúa siendo incierto para cientos de millones de estudiantes cuyos colegios no abrirán sus puertas.

La suspensión de clases presenciales fue una de las medidas que se tomaron con mayor rapidez para frenar la propagación del virus, pero cuando se trata de volver al colegio, una de las decisiones políticas más complejas y delicadas en estos momentos, el ritmo está siendo mucho más desigual. De los casi 900 millones de estudiantes que están en proceso de regresar a la escuela desde agosto hasta octubre, principalmente en Europa, Norteamérica, Asia y África, solo la mitad –433 millones– volverán a las aulas a tiempo completo en esta etapa. Son algunas de las cifras más recientes divulgadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que se ciñen al alumnado de preescolar a secundaria.

Para la otra mitad de alumnos que comienzan ahora un nuevo año académico, 464 millones, se espera que la escolarización sea totalmente en remoto, o para algunos, una mezcla de aprendizaje a distancia y presencial. No obstante, la Unesco ha advertido de que la mayoría de ellos y sus familias siguen esperando una orientación clara a pesar de que las fechas de inicio previstas están a pocas semanas de distancia.

En concreto, en al menos 42 países en los que estudian 193 millones de alumnos, de acuerdo con las cifras consultadas por este medio, la reapertura de los colegios será parcial hasta mediados de octubre, es decir, será en determinadas zonas, por etapas según el grado o la edad y/o utilizando un enfoque híbrido que combina la enseñanza en persona y a distancia. Otros 271 millones en 43 países aún se enfrentan a la incertidumbre: o las escuelas siguen cerradas debido a la COVID-19 y el año académico comienza de forma totalmente remota –con las limitaciones que plantean las profundas desigualdades de acceso a la tecnología– o no se ha facilitado información todavía a pesar del inminente comienzo del nuevo curso.

“Lo ideal sería que se proporcionara una orientación clara con mucha antelación, que permitiera a todos los interesados prepararse y planificar adecuadamente. La situación está evolucionando, pero la orientación ayuda a definir las expectativas y funciones para poner en marcha los engranajes que garanticen un regreso seguro a la escuela”, dice a elDiario.es Stefania Giannini, subdirectora general de educación de la organización especializada de Naciones Unidas. “Es crucial garantizar la comunicación permanente con los padres, los cuidadores, los profesores y los jóvenes: hay que generar confianza en este contexto de crisis, escuchar la voz de todos los implicados y coordinarse con los principales actores, es decir, la comunidad sanitaria”.

Insiste también en que es fundamental que los Gobiernos presten apoyo a los alumnos y los maestros, garantizando recursos adecuados para su seguridad y su protección frente al virus, y teniendo en cuenta su bienestar social y emocional. “La reapertura de las escuelas puede entrañar ajustes en el programa de estudios para aligerarlo o comprimirlo, determinar lo que se ha aprendido durante los cierres y contar con estrategias claras para abordar las lagunas. Si los Gobiernos deciden mantener las escuelas cerradas, deben trabajar para garantizar la conectividad y ampliar la escala para todos los niños a fin de asegurar la continuidad del aprendizaje”, señala Giannini.

“Las escuelas merecen una prioridad especial, pero no siempre la reciben”

Pero no todos los estudiantes del mundo comienzan su curso en estos momentos. Hay cerca de 600 millones que aún se encuentran en la mitad de su año académico, 472 de los cuales están en países en los que los colegios permanecen cerrados debido a la COVID-19. Unos 128 millones de alumnos viven en lugares donde los centros educativos están abiertos o en proceso de reapertura. Si se suman a los 433 millones que se incorporan a las aulas durante estas semanas, un total de 561 millones de estudiantes, uno de cada tres, asistirá a clases durante este período. O lo que es lo mismo: 1.000 millones de estudiantes, dos tercios de la población estudiantil mundial, siguen enfrentándose al cierre de escuelas o a la incertidumbre.

“Los gobiernos se enfrentan a presiones contrapuestas para reabrir las sociedades y las economías, al tiempo que garantizan la salud pública. La reapertura de las escuelas tiene que estar en lo más alto de la lista de prioridades: el bienestar de los niños y sus familias está en juego. Esto puede requerir concesiones: para abrir las escuelas, puede ser necesario cerrar o mantener cerrado otro tipo de establecimientos, ya sean restaurantes, bares o centros deportivos. Las escuelas merecen una prioridad especial, pero no siempre la reciben”, dice la responsable de la Unesco. “Sin embargo, el virus está evolucionando, apareciendo en algunos lugares y generando preocupación entre los maestros, padres y cuidadores sobre su seguridad. La lección clave hasta la fecha es que no hay un impacto cuantificable de la reapertura de las escuelas sobre las transmisiones comunitarias y que ha habido pocas o ninguna transmisión de niño a adulto en las escuelas. También se pueden utilizar enfoques flexibles o secuenciar las aperturas por edad o zonas geográficas”.

El organismo considera primordial que las autoridades trabajen rápidamente para determinar la mejor manera de garantizar un regreso seguro a la escuela, protegiendo al mismo tiempo la salud y la seguridad de los estudiantes y el personal educativo. La ONU ha desarrollado una guía sobre cómo y cuándo reabrir las escuelas, incluyendo el distanciamiento físico y medidas de salud pública como el uso de mascarillas y el lavado de manos frecuente –según la Organización Mundial de la Salud, dos de cada cinco escuelas carecían de instalaciones básicas para lavarse las manos en 2019–.

Hasta la fecha, se calcula que, a nivel mundial, los estudiantes han perdido una media de 60 días de escolarización desde que comenzaron los cierres de centros educativos en febrero y marzo. Desde la Unesco han advertido en diversas ocasiones de que en una situación así, el riesgo de abandono escolar, la disminución de la calidad del aprendizaje y los impactos sociales y económicos negativos son altos. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha dicho que la crisis de la enseñanza podría convertirse en una “catástrofe generacional”. Se estima que 24 millones de alumnos de preescolar hasta la educación terciaria corren el riesgo de no volver a estudiar debido al impacto de la COVID-19.

“Las consecuencias podrían extenderse a lo largo de la vida del estudiante”, dice Giannini. “Con medidas paliativas, las pérdidas de aprendizaje pueden prevenirse, o al menos minimizarse. Las escuelas tienen que atender a los niños en el lugar en que se encuentran, prestando especial atención a los más marginados y vulnerables. Tendrán que evaluar cuánto han aprendido los estudiantes durante los cierres de escuelas y asegurar su bienestar socioemocional, tal vez tengan que impartir cursos acelerados, proporcionar apoyo de tutoría o comprimir el plan de estudios. La preocupación por la equidad y la inclusión debe ser el principio rector de las decisiones políticas”. 

Según alerta, cuanto más tiempo permanezcan cerradas las escuelas, más perjudiciales serán las consecuencias, especialmente para los niños de entornos más empobrecidos, tanto en países ricos como los de bajos ingresos. Muchos de ellos, por ejemplo, también dependen de la escuela para su nutrición o la prestación de servicios básicos de salud. “Las disparidades se exacerbarán, amenazando con borrar los progresos mundiales en la lucha contra las desigualdades en materia de educación, especialmente en el caso de las niñas y las mujeres”. 

Uno de los mayores problemas que ha dejado al descubierto la pandemia en todo el mundo son las persistentes desigualdades asociadas a la enseñanza a distancia y las consecuencias de la brecha digital, que ha provocado que millones de niños han visto su educación interrumpida durante el cierre de sus colegios. Según un informe reciente del Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef), al menos un tercio de los menores en edad escolar no tuvieron acceso a clases virtuales u otro tipo de aprendizaje en remoto a través de la televisión o la radio cuando la COVID-19 puso fin a sus clases presenciales. Los estudiantes de África Subsahariana fueron los más afectados: la educación a distancia no llegó a la mitad de sus escolares.

“Casi la mitad de los estudiantes del mundo carecen de conexión y dispositivos de Internet”, dice Giannini. “No solo la conectividad sigue estando lejos de ser universal, sino que existen importantes lagunas entre los países  A pesar de que las lecciones se transmiten por radio, televisión y online, muchos estudiantes siguen estando fuera de su alcance. Además de ser increíblemente injusto en términos de acceso, el aprendizaje a distancia parece estar dando lugar a resultados poco equitativos. Muchos estudiantes no están aprendiendo tan bien a través de plataformas en remoto como lo hacían cuando el aprendizaje era presencial y es probable que la dedicación no sea tan elevada como lo había sido anteriormente”.



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