Política

Industria armamentística | El Partido Socialista va a seguir defendiendo a dictaduras – El Salto

Industria armamentística | El Partido Socialista va a seguir defendiendo a dictaduras - El Salto


Durante estos últimos meses, hemos vuelto a lamentar que el gobierno de España siga apostando por una política exterior que tiene muy poco en cuenta los derechos humanos. El ejemplo de Canarias ha sido bastante doloroso y supone otra brecha en la sociedad española. Mientras el Partido Socialista, amo y señor de los asuntos de estado, sigue implementando las políticas europeas que vulneran los derechos humanos, Pablo Casado, buen alumno del Maestro Aznar, aquel que apoyó la guerra de Irak, reprocha a Sánchez el efecto llamada después del “Aquarius”. Parece ser que Casado no recuerda que su Maestro apoyó una guerra que causó millones de refugiados y que es una de las causas por las que luego surgió el Estado Islámico. Atrás han quedado los horrores del Estado Islámico y los atentados terroristas del 11M y el 17A. Lo de siempre: la derecha y su falta de memoria.

A Sánchez le gusta colgarse medallitas, a pesar de que cabalga de contradicción en contradicción. Un año después del “Aquarius”, el presidente comprometido con los derechos humanos, tal como fardaba en su libro Manual de Resistencia, puso en peligro la vida de más de 100 personas y lanzó una campaña mediática en contra del Open Arms y Òscar Camps utilizando a figuras como Carmen Calvo o José Luis Ábalos para desacreditar a una ONG que ha decidido no mirar para otro lado y actuar. De la misma manera, tampoco se comenta que el propio Camps haya denunciado las “trabas políticas y administrativas” y la amenaza constante que supone operar bajo la lupa de un Gobierno al que poco parece importarle si el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio.

La política del Partido Socialista, que rima bastante con lo que ha hecho también el Partido Popular, encuentra la complicidad en los medios de comunicación generalistas. Estos protegen al poder imponiendo a los consumidores qué cosas se deben debatir y qué cosas no. De esta modo, un lector tendrá que decidir si prefiere que gobierne Sánchez y que “dé papeles a todo el mundo” o si es necesario aplicar una política migratoria aún más xenófoba. El Manufacturing Consent de Herman y Chomsky tiene más vigencia que nunca.

No obstante, este no ha sido el único borrón del PSOE en estas últimas semanas. Unas semanas antes de que Trump cuestionase el resultado de las elecciones estadounidenses, hablando de fraude y despertando las alarmas del establishment por su intención de dar un Coup d’Etat, nuestra ministra de exteriores, González Laya, hizo una visita a Egipto, país en el que gobierna El Sisi, posiblemente uno de los peores tiranos que ha tenido Egipto en los últimos tiempos.

González Laya “mostró su aprecio al trabajo del gobierno egipcio por lo que están haciendo en el ámbito del empoderamiento de las mujeres”. El Sisi es el mismo presidente que en el año 2011 defendió los test de virginidad

González Laya “mostró su aprecio al trabajo del gobierno egipcio por lo que están haciendo en el ámbito del empoderamiento de las mujeres, de la libertad religiosa y protección del medioambiente” y dijo que, aunque las relaciones entre España y Egipto “eran buenas”, “queremos que sean excelentes”. Es muy oportuno recordar uno de los últimos artículos que escribió el ya legendario corresponsal de guerra, Robert Fisk, antes de las elecciones. En él reprochaba el cinismo de nuestros gobernantes y la opinión pública sobre la preocupación de la democracia en Estados Unidos, cuando desde siempre en Occidente se ha apoyado a los dictadores más horrendos.

El caso del presidente El Sisi no es para menos. Aparte de ganar las elecciones presidenciales con el 97% de los votos, un buen síntoma de la robustez de la democracia egipcia, lleva años aplicando medidas de represión interna denunciadas por las organizaciones humanitarias. La decisión de González Laya pareció no tener en cuenta que, dos semanas antes, se ejecutaron a 15 prisioneros políticos en una nueva masacre que desafortunadamente no es ninguna noticia. Para Laya era más importante el “gran foro empresarial hispano-egipcio” que tendrá lugar en el año 2021.

Esta represión viene ejerciéndose desde el año 2013. Después de la caída de Mubarak y del experimento errante de los Hermanos Musulmanes, El Sisi lideró un golpe de Estado e instauró una cruel dictadura que no solo ha reprimido a los Hermanos Musulmanes, sino que ha reprimido brutalmente cualquier atisbo de disidencia. En este sentido, El Sisi superó con creces a Mubarak (el alumno vuelve a superar al Maestro) y ha instaurado un régimen en el que son habituales las ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzadas y las torturas con total impunidad. Igualmente, el régimen ha rechazado las “recomendaciones para dejar de utilizar la prisión preventiva como medida para castigar a los activistas”.

Actualmente hay en el país decenas de miles de prisioneros políticos (muchísimos más que con Mubarak), además de realizarse cientos de ejecuciones de las que tampoco hay una cifra fiable debido al éxito del gobierno de silenciar cualquier voz discrepante, incluidas las de las organizaciones en defensa de los derechos humanos. Del mismo modo, la situación económica es ciertamente penosa, continuando El Sisi el proyecto neoliberal y provocando a su vez que el descontento social aumente, lo que ha conducido a que los egipcios vivan en un círculo vicioso de represión y neoliberalismo.

Sin embargo, El Sisi sigue colocándose medallitas, realizando medidas para ganarse el favor de la opinión pública y haciendo gestos en favor de los derechos de las mujeres, pero luego ejecutando acciones con el objetivo de reprimir cualquier movimiento disidente, lo que afecta, inexorablemente, al movimiento feminista. Estas barbaries de la dictadura hacia la población han sido denunciadas por la profesora de literatura árabe y comparada, Noha Radwan, que nos ha recordado en varias ocasiones que El Sisi es el mismo presidente que en el año 2011 defendió los test de virginidad. Parece justo decir que El Sisi tiene lo mismo de feminista que Mohamed Bin Salman.

Si la situación interna es preocupante, no lo es menos la política exterior que está adoptando. El papel que está jugando en la guerra de Libia después de que Occidente desatara el caos asesinando a Gadafi no es despreciable. El dictador apoya a las fuerzas del general Jalifa Haftar, echando más gasolina a una guerra civil que ha creado una grave crisis humanitaria. Aquí el rol de la Unión Europea es igualmente denunciable debido a que muchos de los inmigrantes que quieren venir a Europa parten de Libia y se les niega el acceso creándose lo que se ha denominado en varias ocasiones campos de concentración. Todo financiado con dinero europeo porque no queremos aceptar inmigración.

ONU y gobiernos europeos han apoyado un embargo de armas en Libia. Es papel mojado, una especie de farsa, pues al final los países occidentales suministran armas a países que las transfieren igualmente a las partes beligerantes

Mientras, las Naciones Unidas y los gobiernos europeos han apoyado un embargo de armas a todas las partes en Libia. Algo que queda en papel mojado, una especie de farsa, pues al final los países occidentales suministran armas a países que las transfieren igualmente a las partes beligerantes en Libia. Así funciona el comercio de armas. Nada nuevo. Si no existen reparos en vender armas a las monarquías absolutistas del golfo pérsico, tampoco los hay para vendérselas a Egipto. De hecho, en cierta manera, es comprensible, dado que Egipto encuentra en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí los mejores aliados para acabar con los Hermanos Musulmanes.

En Occidente, encontramos aquí el perfecto clima para invertir. De sobra son conocidos los negocios de las grandes corporaciones en EAU o Arabia Saudí, y de sobra se conoce que España juega a repartirse parte del pastel de la industria petrolera. Nada importa que estos países hayan realizado una intervención militar en Yemen hace casi seis años que ha originado una crisis humanitaria descomunal. Más de 24 millones de personas necesitan ayuda humanitaria, han muerto casi 300 mil personas y la respuesta de Occidente (aparte de apoyar la guerra) es suministrar cantidades ingentes de armas a Arabia Saudí y EAU. Para más inri, nuestros gobiernos occidentales se niegan a enviar ayuda humanitaria a un país en el que muere un niño cada 12 minutos.

De todas formas, el sacar beneficios de la industria armamentística en la guerra de Libia no sólo se limita a Haftar, sino que también afecta, evidentemente, al Gobierno de Acuerdo Nacional reconocido por Naciones Unidas. Aquí entra en la ecuación Turquía y su presidente Erdogan, un aliado incómodo u oportuno (según se mire), que ha desempeñado un inmoral papel en la guerra de Siria, ha coqueteado con el Estado Islámico y ha redoblado esfuerzos en los últimos tiempos para aplastar a los kurdos en Siria.

De sobra es conocido el apoyo de Turquía a mercenarios que asesinan a la población civil y de sobra es conocida su deriva autoritaria de los últimos años, intensificada, sobre todo, después del intento de golpe de Estado del año 2016. Desde ese momento, Erdogan ha aprovechado la situación para reprimir con fuerza a la disidencia. Sin embargo, todo esto no impidió que la Unión Europea firmara un pacto con Turquía para que millones de sirios no pisaran suelo europeo. A cambio, Europa le recompensa con miles de millones de euros. Otra vez el apoyo a autócratas y dictadores es más que notorio.

España, pese a no ser una potencia militar como Francia o Reino Unido, saca bastante rédito del sufrimiento de millones de personas. De nuevo, es conveniente recordar que el desastre de las guerras en Yemen, Libia y Siria no impidió que España haya vendido armamento por valor de más de 1.200 millones de euros a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. De nada sirve que las organizaciones en defensa de los derechos humanos hayan denunciado incansablemente esta práctica obscena y que hayan advertido reiteradamente que el gobierno español podría ser cómplice de crímenes de guerra.

Pero esto es solo el principio. Del mismo modo, el gobierno de España suministra armamento por valor de cientos de millones de euros a Turquía y a Egipto. Para hacerse una idea de lo que está en juego en este pastel de la industria armamentística, en el año 2019, el gobierno de España ha autorizado 392,7 millones a Arabia Saudí, 423,5 a Turquía, 88,9 a Egipto, 42,5 a Emiratos Árabes Unidos, y, cómo no, 11,1 millones a Israel.

En el año 2019, el gobierno de España ha autorizado 392,7 millones a Arabia Saudí, 423,5 a Turquía, 88,9 a Egipto, 42,5 a Emiratos Árabes Unidos, y, cómo no, 11,1 millones a Israel

En España, la Campaña Armas Bajo Control, que lleva años denunciando con fuerza la venta de armas a países que violan los derechos humanos, pidió este verano “suspender las transferencias de armas a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Israel” y “adoptar un criterio de “presunción de denegación en relación con la exportación de armas a Egipto, Irak y Turquía”. No parece que los políticos europeos estén muy dispuestos a hacerlo.

En Francia, donde gobierna Enmanuel Macron, quien dijo que era “demagógico” dejar de vender armas a Arabia Saudí, la ministra de defensa, Florence Parly, respondió a las críticas de Amnistía Internacional por vender armas a Egipto y apoyar al general Haftar en el 2018, de la misma manera que lo hacen todos los políticos que controlan los asuntos de Estado en las democracias liberales: “la venta de armas están sujetas a un riguroso análisis […], tiene en cuenta una serie de criterios” como “el respeto a los derechos humanos, el mantenimiento de la paz y la estabilidad en la región”. En este contexto, se hace muy difícil que se pueda producir ningún cambio.

A Unidas Podemos se le va a seguir manteniendo al margen de los asuntos de Estado y el Partido Socialista va a seguir aplicando las mismas políticas que dicta Europa, porque de socialista y de progresista no tiene nada. Como escribió Lola Blasco “Cada época tiene sus costumbres”, y en esta época se tiene como costumbre dejar que miles de personas mueran ahogadas, dejar que civiles en Yemen sigan muriendo, comerciar con los países que financian el fundamentalismo árabe y apoyar dictaduras en Oriente Próximo. Esto es lo que se esconde detrás del “interés nacional”, de las “políticas de Estado”, del “constitucionalismo” y del “libre mercado”. Y no tengan ninguna duda de que el Partido Socialista va a seguir siendo un partido de Estado.



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