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La redención de Hunter Biden

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Poco más queda por decir sobre la turbulenta vida personal de Hunter Biden. Se conocen; por boca de él mismo, hasta los detalles más escabrosos y vergonzosos.

Si el único hijo del presidente de Estados Unidos contaba en 2019 a la revista The New Yorker sus sórdidos años bajo el absolutismo del alcohol y las drogas —justo cuando su padre iba a decidirse a dar el salto para apostar por la Casa Blanca—; su última redención y acto de contricción son sus memorias que salen a la venta este martes en Estados Unidos.

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Hunter Biden confiesa en Beautiful Things que su miedo por recaer es constante. “Es mi historia. Siempre estoy a un paso de tomar la decisión equivocada y volver exactamente a donde estaba”; explica el hombre de 51 años.

De eso trata la recuperación del alcohol y las drogas: de vivir en perpetua recuperación. “Nunca desaparece. Solo se esconde”, agrega.

El libro es un mensaje de los escandalosos titulares que puede dar el hijo del mandatario si recae. Hunter sabe y confiesa que su familia jamás se dio por vencida en su caso.

“Nunca hubo un solo momento en el que no trataran de salvarme”; escribe Biden. Si está vivo, dice; es por el inquebrantable amor de su estirpe para lograr su salvación.

“Malvivía en un motel de algún lugar de Connecticut cuando mi padre y mi madre [Jill, la segunda esposa de Biden] me dijeron que fuera a su casa”, relata. “Cuando entré en su hogar allí estaban mis tres hijas: Naomi, Finnegan y Maisy, y mi sobrina y sobrino, Natalie y Hunter, además de dos terapeutas. Mi reacción inmediata fue salir huyendo”, confiesa el abogado licenciado por Yale. “Pero mi padre me agarró, me abrazó tan fuerte como pudo y me dijo: ‘No sé lo que hacer”. El encuentro se imagina desgarrador, sobre todo, porque Hunter Biden relata en sus memorias que a pesar de saber que contaba con todo ese amor, lo que de verdad sentía era la necesidad de una dosis de droga, un trago de alcohol.

Con poco más de media década de vida, Hunter Biden declara que compró su primera dosis de crack cuando tenía 18 años. Su dolorosa pasión con el alcohol comenzó en el instituto y se convirtió en alcoholismo cuando no había llegado a los 30. Durante las dos últimas décadas ha entrado y salido de rehabilitación en varias ocasiones y las mismas veces ha recaído.

La muerte de su hermano Beau, el hijo pródigo de la familia con un futuro prometedor en la política, le golpeó de tal forma que la manera que encontró de ahogar su dolor fue manteniendo una relación con su viuda. Ambos, Hunter y Hallie [esposa de Beau] mantuvieron un vínculo sentimental porque, según él, necesitaban seguir creyendo que Beau estaba con ellos. “Estaba tratando locamente de aferrarme a una porción de mi hermano, y creo que Hallie estaba haciendo lo mismo”, explica en el volumen de 272 páginas.

Aquella relación acabó, aunque antes Hunter Biden le pidió a su padre que les diera la bendición para que los hijos de ambos no lo vivieran como un escándalo, algo que se ocupó de proclamar el tabloide Page Six cuando en 2017 hacía pública la relación.

Página a página se lee el desmoronamiento de su matrimonio, el hundimiento hacia los infiernos del niño que junto a su hermano sobrevivió a los dos años a un accidente de tráfico que acabó con la vida de su madre y su hermana cuando iban a comprar un árbol de navidad en 1972. Joe Biden coronaba su conquista de un escaño para el Senado de la nación y acabó jurando el cargo en la habitación del hospital donde sus hijos varones se recuperaban de sus heridas pocas semanas después de la tragedia.

Biden tuvo éxito en muchas empresas, entre ellas la ucraniana Burisma, por la que Donald Trump quiso desacreditar a su padre por haber favorecido a su hijo cuando era el vicepresidente de Barack Obama. Con Burisma llegó a ganar 50.000 dólares al mes. Pero Hunter Biden dilapidaba lo ganado en sus adicciones. Cuando vivía en Washington invitó a una persona sin hogar a vivir con él en su apartamento tras comprar crack.

En Los Ángeles buscó drogas donde ni la policía se atreve a entrar. “Pasé y rodeé a gente acurrucada cobijada tras pedazos de cartón. Estaba completamente oscuro. Todo lo que vi fue una pistola apuntándome a la cara”, escribe en Beautiful Things. Hunter Biden recuerda que hubo un tiempo en el que estaba “tan desesperado por consumir alcohol” que no podía caminar una calle desde la tienda de licores hasta su casa “sin destapar la botella para tomar un trago”.

Hunter Biden no teme dañar a su padre de manera que él deje de quererle. Pero es más que consciente del “inmenso daño” que le ha causado a él y a los que le quieren. Acaba Hunter Biden relatando en una entrevista en la Radio Pública Nacional (NPR, por sus siglas en inglés) que la última y verdadera razón por la que ha escrito el libro es para “dar esperanza a la gente y decirles que hay luz, que no tienen que permanecer encerrados en esa prisión [de la adicción]”. Aunque no haya un minuto del día en que Hunter Biden, según sus propias palabras, sepa que puede descender al abismo una vez más.

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