Política

La semana política | En silencio, como el otoño – El Salto

La semana política | En silencio, como el otoño - El Salto


Si un periodista quiere ilustrar un texto sobre el sistema de pensiones las probabilidades de que piense en una foto de un señor con boina y/o una señora con zuecos tienden a uno. Es un error tan frecuente que no se considera un error sino un lugar común. Las ilustradoras dibujarán bastones y boinas, paisajes otoñales y amplios horizontes. Todos se remitirán a una idea de la vejez con una vaga tristeza, tan vaga que a todos les tranquilizará, de alguna manera. El error es del más alto calibre, puesto que los cambios en el sistema de pensiones afectan más a quien hoy viste a la última, se manejan en Tik Tok y solo sienten ligeros achaques físicos, a menudo por estar todo el día delante de un ordenador, las más de las veces por moverse de un curro a otro, todos los días, desde hace bastantes años.

El 11 de noviembre, el Ministerio de Seguridad Social presentaba en los medios de comunicación un plan que apenas ha tenido impacto esta semana, en la que el plato fuerte ha sido el primer paso para la aptobación de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso. Lo que paga es la confrontación y, en el avance que hacía este miércoles José Luis Escrivá, no hay rastro de confrontación ni crispación. El acuerdo con el PP, y con otros grupos de la cámara, ha llegado suavemente, sin vaivenes. Así que se trataba, nada más, de lanzar a la opinión pública una de las recomendaciones a las que, después de cuatro años de debate, ha llegado el Pacto de Toledo. El borrador de esas recomendaciones fue aprobado el día 27 en el Congreso con el apoyo de todos los partidos salvo ERC y EH Bildu (que se abstuvieron) y el voto en contra de Vox. 

Las 20 recomendaciones suenan un poco a más de lo de siempre. Alguna de ellas son más de lo de siempre: la recomendación 7 plantea que se envíe una carta que dé información periódica e individualizada sobre los derechos futuros a una pensión. Un sobre naranja que, como recuerda una lectora de El Salto, ya se aprobó en 2011 y nunca se puso en marcha. Otras son complejas, como la Recomendación 4, sobre la cotización de autónomos. La Recomendación cero, en primer lugar, enuncia como compromiso general la “defensa del Sistema Público” de pensiones. Tranquilidad. Paisajes con tonos ocres. Música de Eric Satie.

La noticia del 11 de noviembre se ceñía exclusivamente a la recomendación 16, sobre los sistemas complementarios. Si una periodista quiere que su información sobre pensiones tenga cierto alcance, lo normal es que trate de bajar a la tierra el lenguaje técnico de la comisión del Pacto de Toledo y titule algo como: “El Gobierno propondrá que cada nuevo trabajador tenga una ‘adscripción automática’ a un plan de pensiones”. Es preciso que introduzca que no se trata, lagarto, lagarto, de sustituir progresivamente el sistema público de pensiones por un sistema no público sino de introducir un “complemento significativo” en la pensión a través de planes de pensiones colectivos. 

El pie en la puerta

Dicen que José Luis Escrivá es un tipo afable y un verdadero experto. Antes de ser ministro, fue durante seis años presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), organismo público que ha defendido la introducción de los sistemas complementarios como forma de “aligerar” la posible deuda en la que, según la Airef, incurrirá tarde o temprano el sistema de pensiones fruto de las tendencias demográficas.

El hecho es que los puntos de vista de Airef han sido determinantes para introducir la recomendación 16, esos sistemas complementarios que “prioritariamente habrán de ser sin ánimo de lucro” y que no pueden ser “meros” vehículos para la especulación financiera.

La cuestión no es tanto lo que “no deben de ser” los sistemas complementarios, aunque eso sea lo que subraye la recomendación 16, como lo que son. Hay experiencias que permiten saber un poco mejor qué es lo que quiere introducir este sistema. Pero para eso hay que regresar un momento a un lenguaje que no es el de la crispación o el de la opinión, sino el de los técnicos. Sintéticamente, dentro del nivel contributivo, hay dos tipos de sistemas, de reparto y de capitalización. El actual sistema es de reparto: aunque para el cálculo de la pensión se tiene en cuenta lo que una persona trabajadora haya cotizado a lo largo de su vida, no existe una relación lineal entre lo aportado y lo percibido. Este sistema es lo que permite, por ejemplo, que personas con pocos años de cotización y víctimas de un accidente o una incapacitación por accidente laboral, cobren pensiones decentes.

Los sistemas de capitalización funcionan desde la lógica del ahorro individual. La base de la pensión se establece en función de lo que se ha aportado durante la vida laboral del cotizante y, en la práctica, se comportan como los fondos de pensiones privados porque el monto de esas cotizaciones genera un remanente de capital que se invierte en los mercados financieros. Lo que se plantea con la idea de “poner el dinero a trabajar”. A menudo, además, el sistema de capitalización permite la transferencia de derechos a herederos, pero es la “flexibilidad” bajo la que se presentan los atractivos de este sistema: si las inversiones van bien, se revalorizan las pensiones. Si van mal, las pensiones asociadas se reducen de manera considerable. Si van terriblemente mal, tienden a una las posibilidades de que los trabajadores terminen acudiendo a manifestarse delante del Ministerio para protestar por la estafa y pedir un rescate público de sus pensiones.

Pero no hay que adelantar acontecimientos. 

La experiencia de las Entidades de Previsión Social Voluntaria en el País Vasco muestra cuál es el principal punto de interés para las empresas. “No es de recibo que la Administración pública participe de sistemas privados que debilitan el sistema público, que además generan beneficios en entidades financieras”, señalaba Juan Enrique Elua, miembro del movimiento de pensionistas de Bizkaia en una entrevista con Iván Pastor. “La cantidad que aporta la Administración en las EPSV va directa al bolsillo privado, mientras que la que va a la Seguridad Social es contributiva y solidaria”.

Tras la moción de censura de Vox y tras la derrota de Trump, una fase de tranquilidad, incluso de cierta quietud, pese a la segunda ola de contagios por covid-19, se ha instalado en el Gobierno de coalición

El hecho es que el avance hecho en torno a la Recomendación 16 es un pie en la puerta para introducir sistemas complementarios, en mayor medida que las EPSV de la Comunidad Autónoma Vasca, en cuanto los sistemas que propone José Luis Escrivá estarán dentro de la propia Seguridad Social, no serán únicamente políticas de incentivos si no que, en el futuro, serán dos sistemas en uno.

La literatura apocalíptica en torno al envejecimiento poblacional, que favorece un discurso utilitarista sobre la “necesidad” de migrantes-cotizantes pero en la que es atronador el silencio en cuanto a otros factores como los alquileres altos, los bajos salarios y la dificultad para formar familias en esas condiciones favorecen la introducción, en silencio y sin oposición, de estos sistemas complementarios. La necesidad de silencio contra la alteración que provoca el debate político hace el resto.

Otoño. 2020

Otoño silencioso

Fue una primavera extraña. Tanto que se produjo un leve, etéreo, fenómeno de renaturalización. Nada espectacular, aunque quizá influyó en que los colores de este otoño sean brillantes. Fue la primavera más extraña y se esperaba el otoño caliente de la reacción ultra. Pero se quedó a medias. Tras la moción de censura de Vox y tras la victoria al límite de Joe Biden sobre Donald Trump, una fase de tranquilidad, incluso de cierta quietud, se ha instalado en el Gobierno de coalición, incluso aunque este otoño se atraviesa la tremenda segunda ola de contagios por covid-19.

Esta semana, la actualidad en torno a los Presupuestos Generales del Estado han confirmado esa sensación térmica de tranquilidad en torno al Ejecutivo. El gasto en pensiones previsto alcanzará los 163.297 millones de euros, una buena noticia y también una prueba de que esa cantidad parece demasiado suculenta para que el capital se resista a proponer cualquier forma de bypass al sector privado. Pero cunde el sosiego. Las recomendaciones del Pacto de Toledo y la puesta en marcha de un sistema complementario no altera ni a los grandes sindicatos ni a Unidas Podemos. No genera mucho ruido en la calle y no abre los telediarios. No hay nada mejor para ganar un debate que no tenerlo, dicen los expertos. 

El pie en la puerta del sistema público se introduce, como el otoño, en silencio. Mientras contemplamos la reanudación de las obras, pensamos en cambiar el abrigo para pasar el invierno con más seguridad y nos duelen partes del cuerpo que hasta ahora no habían dado ningún problema. Llega al mismo tiempo que pensamos en una situación individual a nuestras inquietudes, al mismo tiempo que el capital, a la espera de una incierta primavera, se refugia en los Estados para que estos ejerzan de sus agentes políticos. Entra mientras vemos caer las hojas de los árboles, migran las golondrinas, etcétera.



Source link

También pueden gustarte

Leer más