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La simplicidad y complejidad del coronavirus

En comparación con las células humanas, los virus son pequeños y no pueden reproducirse por sí solos. El coronavirus tiene alrededor de 30 proteínas, mientras que una célula humana tiene más de 20,000.

Para sortear este conjunto limitado de herramientas, el virus convierte hábilmente al cuerpo humano contra sí mismo.

Las vías hacia una célula humana normalmente están bloqueadas por invasores externos, pero el coronavirus usa sus propias proteínas como llaves para abrir estas “cerraduras” e ingresar a las células de una persona.

Una vez dentro, el virus se une a las proteínas que la célula usa normalmente para sus propias funciones, esencialmente secuestrando la célula y convirtiéndola en una fábrica de coronavirus.

A medida que los recursos y la mecánica de las células infectadas se reorganizan para producir miles y miles de virus, las células comienzan a morir.

Las células pulmonares son particularmente vulnerables a esto porque expresan altas cantidades de la proteína de “bloqueo” que el SARS-CoV-2 utiliza para la entrada.

La muerte de una gran cantidad de células pulmonares de una persona provoca los síntomas respiratorios asociados con COVID-19.

Por ende, el primer paso que el grupo de investigadores  tenía que hacer era identificar cada parte de la fábrica celular en la que se basa el coronavirus para reproducirse.

Necesitaban  descubrir qué proteínas secuestraba el virus.

Para hacer esto, un equipo de mi laboratorio realizó una expedición de pesca molecular dentro de las células humanas.

En lugar de un gusano en un anzuelo, utilizaron proteínas virales con pequeñas etiquetas químicas adheridas a ellas, denominadas “cebo”.

Pusieron  estos cebos en células humanas cultivadas en laboratorio y luego los sacamos para ver qué atrapamos. Cualquier cosa que se pegó fue una proteína humana que el virus secuestra durante la infección.

La buena noticia es que hasta ahora, se han encontrado 69 medicamentos existentes que se unen a las proteínas humanas que hemos identificado. 27 de ellos están aprobados por la FDA y 42 están en ensayos clínicos o preclínicos.

Fuente: The Conversation

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