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Las universidades públicas catalanas se rebelan contra la asfixia del independentismo

Las universidades públicas catalanas se rebelan contra la asfixia del independentismo



Comienzo del curso universitario

Cargan por primera vez contra la ANC, que les llama “unionistas”. Arboix (UAB): “No soy independentista ni españolista”. Elías (UB): “Si perdemos la libertad, cerramos los campus y se instaura el monopensamiento”

Estudiantes de la Pompeu Fabra de Barcelona, en la huelga que hubo en...

Estudiantes de la Pompeu Fabra de Barcelona, en la huelga que hubo en octubre en los campus catalanes contra el fallo del 1-O
EFE

Los responsables de las dos universidades más importantes de Cataluña han comenzado a exteriorizar su hartazgo del independentismo. La rectora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Margarita Arboix, denuncia presiones del secesionismo -«Nos llamó Torrent para que le respaldáramos y le dijimos que no», revela- y reivindica la pluralidad ideológica de los campus. Su homólogo en la Universidad de Barcelona (UB), Joan Elías, defiende su «independencia total de corrientes políticas» y avisa de que «si perdemos la libertad, cerramos las universidades y se instaura el monopensamiento».

Arboix y Elías plantan cara públicamente por primera vez a los líderes separatistas. Lo hacen tras la llamada que hace unos días realizó la presidenta de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Elisenda Paluzie, instando a convertir la UB en unos de los principales lugares de protesta de la Diada, el próximo día 11.

Paluzie, que anima a boicotear el mismo campus en el que trabaja como funcionaria -obtuvo plaza de catedrática hace unos meses-, también ha señalado a estos dos rectores. «En el momento que era más necesario, las dos mayores universidades catalanas, la UBy la UAB, están en manos de rectorados unionistas. No lo tenemos que permitir», azuzó.

Sus palabras han provocado una rebelión académica. «La ANC debería rodear el Palau de la Generalitat, porque es quien infrafinancia las universidades», respondió Elías a Paluzie el martes en la Ser. «Yo no soy ni españolista ni independentista», se revuelve Arboix. En conversación con EL MUNDO, ambos enmarcan este llamamiento dentro de una campaña para influir en las elecciones al Rectorado que se celebran en otroño en la UB y en la UAB. «Quieren presionar para estar en los equipos de gobierno», dice Arboix, que dejará el cargo en noviembre y no volverá a presentarse. «Seguramente saldrá un candidato. Cualquier catedrático en activo puede serlo. Ya debatiremos, es el juego democrático», reta Elías, que sí concurrirá.

Los independentistas también quieren caldear el ambiente de cara al juicio contra la Sindicatura Electoral del 1-O, que será noviembre. Paluzie ha reprochado expresamente a la UB y a la UAB su «falta de apoyo» a los miembros de la Sindicatura encausados, algunos de los cuales dan clase en estos campus.

Todas estas señales llevan a pensar que el independentismo aprovechará para volver a la carga en el inicio de curso universitario y coincidiendo con el primer aniversario de las huelgas y revueltas en respuesta a la sentencia del procés. A pesar de que están prohibidas las reuniones de más de 10 personas por la Covid, la Generalitat ha dado el visto bueno a las concentraciones del 11-S. La ANC movilizará a 48.000 personas en 107 manifestaciones que tendrán lugar a la vez en 82 municipios catalanes. Una de ellas, junto a la UB.

«Sé que han pedido autorización gubernativa porque quieren reunir a entre 800 y 1.000 personas en la plaza de Universidad. Que hagan lo que quieran, como si quieren rodear otro lugar. Ellos sabrán», señala Elías.

Arboix dice que no es la primera vez que recibe presiones: «A nosotros nos ha llamado el presidente del Parlament pidiéndonos que en un momento determinado hiciéramos una declaración de apoyo y le respondimos que no, que no nos podía pedir algo que el Parlamento no hubiera aprobado en su globalidad. Le dijimos a Roger Torrent que, como ocurre en su Cámara, en nuestros campus hay todo tipo de ideologías».

Elías y Arboix.
Elías y Arboix.EFE

¿Ha sido la única presión? «Ha habido muchas veces en que a las universidades se nos ha llamado a sitios y no hemos querido ir porque no era nuestra función. La universidad es un espacio de libertad y de respeto. Las universidades grandes de Cataluña no hemos querido que se nos metiera en ningún tarjetón y hay gente a la que eso no le ha gustado».

Y añade: «Aquí hay personas de todas las ideologías. Universidad quiere decir conocimiento, apertura, información, libertad. Mi equipo de gobierno ha intentado ser justo y respetar tanto al que piensa de una forma como de otra».

Elías se expresa en la misma línea: «Nuestro ámbito es el académico, no el político. En mi equipo rectoral hay independentistas, no independentistas, creyentes, no creyentes… Y a mí lo que me importa es que crean en el proyecto de hacer de la UB la primera universidad del Estado y de las más importantes de Europa».

Recalca el fin de «servicio público» de la institución que dirige: «Nuestra vocación es crear ciudadanos libres, críticos y comprometidos con la sociedad, formar a las generaciones jóvenes y atraer a la ciencia». «Si perdemos la libertad para decir las cosas, cerramos las universidades y se instaura el monopensamiento. Éste es un espacio de diálogo», advierte al independentismo.

E insiste en que «el rector no puede inclinarse por una línea política». «Yo no soy militante de ningún partido. Tengo opiniones sobre la independencia, la Corona o la República, pero es mi criterio como ciudadano. Cuando represento a una institución, no me decanto por nada».

El manifiesto de los claustros

Tanto Arboix como Elías habían permanecido hasta ahora en una posición que muchas voces ven como de «equidistancia». El pasado octubre, tras la sentencia del 1-O, recibieron críticas desde el constitucionalismo por permitir que los claustros de sus campus aprobaran un manifiesto en el que se pedía la libertad de los presos y el derecho de autodeterminación. Arboix cuenta que lo pasó «muy mal». «Sufrí muchísimo. Yo no estaba de acuerdo y no voté a favor, pero el claustro es soberano. La gente no lo entiende. Se pregunta: ¿cómo es posible? Es posible por las mayorías. Es lo mismo que ha pasado en la Cámara de Comercio de Barcelona», indica.

Elías recuerda que este manifiesto, que tenía casi la misma redacción en todas las universidades, surgió de un grupo de profesores y «se aprobó con voto secreto, para que no se supiese lo que cada uno votaba». «Salió adelante dada la composición del claustro. Yo no pude negarme porque los Estatutos dicen que, si 50 miembros quieren un punto nuevo en el orden del día, pueden hacerlo».

Pero todos los rectores de las universidades públicas catalanas -agrupadas en la Acup– también firmaron otro manifiesto en el que expresaban su «indignación» tras la sentencia y mostraban su «preocupación» por la situación de los condenados. ¿Neutralidad? Elías responde que fue un «comunicado conjunto» que surgió fruto de una «transacción muy complicada de gestionar» y dice que «sólo» se responsabiliza de «lo firmado como único autor».

La UAB también firmó ese manifiesto, y un año antes impidió a los jóvenes de Sociedad Civil Catalana inscribirse en el registro de asociaciones, en lo que fue definido por la Justicia como una «vulneración de los derechos» de los estudiantes. «He intentado resolverlo lo mejor que he podido y muchas veces me he equivocado», hace autocrítica Arboix.

Uno de los chicos de ese grupo constitucionalista, el alumno de Derecho y vicepresidente de S’ha Acabat!Àlex Serra, denunció en julio a un docente de la UAB que en sus clases decía que España era «un Estado fascista». Arboix da un paso al frente y anuncia que va a abrir expediente al profesor: «Se ha pasado por el forro las libertades y no ha respetado que la universidad es un espacio de diálogo y transmisión de culturas donde cabemos todos».

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