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los claroscuros de la sanidad alemana pese a su buena gestión de la pandemia

los claroscuros de la sanidad alemana pese a su buena gestión de la pandemia


Es considerado uno de los países que ha respondido con más eficacia a la pandemia. Aunque Alemania no evitó el brote de COVID-19, los protocolos que desplegó facilitaron su respuesta a la hora de detectar, contener y tratar el virus, y su mortalidad por número de habitantes es mucho más baja que la de otros vecinos europeos.

En todo este tiempo, el sistema sanitario alemán se ha presentado como robusto. Lo es si se compara con otros países de su entorno. Antes de la COVID-19, Alemania disponía de 33,9 camas para cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes, según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de 2017. En España eran 9,7; en Francia, 16,3 y en Italia, 8,6. El de Angela Merkel es el país con más camas de cuidados intensivos de la OCDE, seguido por Austria y Estados Unidos. En total, a principios de la pandemia se contaban en Alemania unas 25.000 camas de críticos equipadas con respiradores. Para los expertos, su experiencia muestra los beneficios de invertir en salud para el futuro. 

El sistema sanitario de Alemania volvió a ocupar titulares a comienzos del mes pasado, cuando el Gobierno anunció una inversión de 4.000 millones de euros en los próximos seis años para fortalecer sus servicios de salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró la decisión y pidió a todos los países “que inviertan en salud pública, y especialmente en atención primaria, y sigan el ejemplo de Alemania”.

“Dos clases” de sistema sanitario y creciente peso de los hospitales privados

Pero, ¿cómo es el sistema sanitario alemán? Una de sus características es que es obligatorio contratar un seguro médico. Hay dos tipos de seguros: públicos y privados. Pero la idea de “lo público” en la sanidad alemana poco tiene que ver con la que hay en España. “En el sistema alemán confluyen la economía y la medicina”, dice a elDiario.es Florian Blank, investigador de la Fundación Hans-Bockler, una organización dedicada al análisis de la realidad laboral germana.

La existencia de seguros públicos y privados es lo que lleva a sindicalistas y partidos de izquierda, socialdemócratas y ecologistas a hablar aquí en tono crítico de la existencia de “dos clases de sistemas de salud”. Este fenómeno también tiene su expresión en la red hospitalaria, porque desde mediados los años 80 los intereses del sector privado entraron en los centros hospitalarios.

Ahora, en el paisaje sanitario alemán, conviven hospitales públicos y privados: en total, se cuentan en el país 1.925 centros hospitalarios. Se calcula que los centros dependientes de fondos públicos son cerca el 60%. Los privados representan alrededor del 40%.

Blank insiste, sin embargo, en que “todos los hospitales están en una situación difícil”, porque “tienen que trabajar para ganar dinero. Los médicos también están obligados a pensar en esto”. La financiación de los hospitales alemanes, incluidos los públicos, también depende de su actividad. Reciben dinero en función de las patologías de las que se ocupan, y hay tratamientos más rentables que otros, recuerda el investigador.

Esa confluencia no es armoniosa. Genera tensiones, como la que se vive en las consultas de los médicos de la atención primaria. Estos médicos, en lugar de trabajar como ocurre en España, lo hacen a través de consultas propias. Y esas consultas funcionan, en muchos sentidos, como empresas.

“Los médicos tienen que lidiar al mismo tiempo con su actividad como si fueran una empresa, porque cada médico es responsable de su propia consulta. Tiene que hacer lo posible para poder pagar los gastos de plantilla y también generar beneficios”, subraya Blank, investigador de la Fundación Hans-Bockler.

Achim Kessler, diputado en el Bundestag del partido de izquierdas Die Linke, para el que ejerce de experto en política sanitaria, alerta de la amenaza de que la lógica de generar beneficios se acabe imponiendo en el sistema hospitalario. “Cada vez es mayor el número de hospitales privatizados. En 2017, el 35% estaba en manos privadas. Ahora es del 37%”, dice Kessler a elDiario.es.

“El modelo de negocio de los grupos privados hospitalarios está fijándose allí donde los municipios no pueden mantener sus obligaciones de financiación de los hospitales”, sostiene Kessler. El diputado recalca que allí donde entra el capital privado “los costes son reducidos al máximo porque tiene que hacerse negocio”.

Escasez de personal y protestas

Durante los últimos años, dejando a un lado el paréntesis de refuerzos que ha supuesto la pandemia, los recortes se han cebado con el personal, especialmente en los hospitales. Según los estudios de la Fundación Hans-Bockler, la falta de personal sanitario en el país se estima en 100.000 personas.

Como consecuencia de esa carestía de personal, explican desde la entidad, los empleos en el sector se degradan. “Los trabajadores sanitarios, cuidadores y médicos tienen que compensar en su trabajo el hecho de que no son suficientes. Tienen menos pausas o deben trabajar más rápido, por ejemplo. Estos trabajadores tienen que soportar condiciones de trabajo que no son buenas”.

En el Gobierno de ‘gran coalición’ que lidera la conservadora Angela Merkel son conscientes de la falta de personal. En Alemania, la escasez de trabajadores cualificados, especialmente de profesionales de la enfermería y cuidadores, es una constante en el debate público, pero ha cobrado fuerza con la pandemia. El ministro de Sanidad, Jens Spahn, reconoció hace dos años que era necesario cubrir unos 50.000 puestos vacantes en todo el sector asistencial. El Gobierno quiso llenar ese vacío con profesionales extranjeros, pero los programas se suspendieron por la crisis de la COVID-19, según los medios alemanes.

El año pasado, Spahn hablaba con orgullo de que el Ejecutivo contribuyó en 2018 a la financiación de 13.000 puestos de trabajo más para cuidadores en centros de mayores y enfermeros. Pero esa cifra es solo una parte de los 100.000 trabajadores que se calculan que hacen falta en el sistema sanitario, según las cuentas de la Fundación Hans-Bockler.

Estudios de la Federación Alemana de Sindicatos (DGB, por sus siglas en alemán) y el mayor sindicato del sector servicios, Ver.di, han denunciado las condiciones de extenuación en las que están obligados a desarrollar sus funciones los trabajadores del sector. Es lo que sacó a la calle a finales de septiembre a cientos de trabajadores sanitarios y otros empleados esenciales en la pandemia del sector público, que piden mejorar sus condiciones salariales. El lema en sus protestas era y es: “Ayer se aplaudía, hoy es día de cobrar”.

El Gobierno reforzó el sistema sanitario durante la pandemia

Para hacer frente a la segunda ola de contagios de coronavirus que ya se atisba en suelo germano, el Gobierno alemán acordó a principios de septiembre invertir 4.000 millones de euros hasta 2026 en su sistema sanitario público. Entre los destinatarios de estos recursos están las Oficinas Locales para la Salud, órganos destinados, entre otras cosas, a romper las cadenas de contagio por coronavirus. Al servicio de estas, el Gobierno de Merkel ha puesto al Ejército y a refuerzos que llegan del Instituto Robert Koch (RKI), la agencia federal de prevención y control de enfermedades.

El ministro de Sanidad precisó que este plan permitirá crear al menos 1.500 nuevos puestos de trabajo hasta finales de 2021. El objetivo es poder contar a finales de 2022 con al menos 5.000 nuevos empleos para médicos, personal cualificado y administrativo en la sanidad publica.

Desde que comenzó la pandemia, reforzar el sistema sanitario ha sido una de las prioridades de las autoridades germanas. En marzo, el ministro de Sanidad lanzó un paquete valorado en varios miles de millones de euros para ampliar capacidades, entre ellas las hospitalarias. Según ese plan, aprobado a finales de marzo y cuando en Alemania se registraban unos 6.000 casos positivos de COVID-19 al día, se iban a destinar 50.000 euros por cama de UCI para reforzarlas y ampliarlas.

Por otro lado, la hasta ahora creciente capacidad para efectuar pruebas de coronavirus también ha demostrado ser una de las razones por las que Alemania ha contenido como pocos países al SARS-CoV-2. La política de test puesta en marcha en Alemania, solo posible por la red de varios cientos de laboratorios que llevan ya mes y medio trabajando al límite de sus capacidades, posibilita que en suelo alemán se hagan algo más de un millón de pruebas semanales. Estas pruebas son fundamentales para identificar y aislar a los casos positivos.

Las autoridades sanitarias se ocupan del coste de la mayoría de los test a través de los seguros médicos. Durante la pandemia, las aseguradoras están recibiendo apoyo económico del Estado alemán para hacer frente a los costes de las pruebas.

En virtud de esas pruebas, desde que comenzó la pandemia, Alemania ha registrado más de 310.000 casos positivos de coronavirus, según el RKI. Algo más de 9.500 personas han fallecido, un número que está muy por debajo de las muertes contabilizadas en Francia, Alemania o España.



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