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Olivier Assayas: “Los cambios sociales más interesantes se están dando desde la posición de las mujeres”

Olivier Assayas: “Los cambios sociales más interesantes se están dando desde la posición de las mujeres”



Es difícil clasificar la obra de Olivier Assayas (París, 1955), aunque podríamos ubicarla entre dos de sus obsesiones, bastante distantes ellas: la música de Sonic Youth y el cine de Robert Bresson. El ruido y el silencio. De ese cruce irrumpen experimentos metafílmicos como “Irma Vep” (1996), un ‘thriller’ sobre desarrolladores de pornografía animada como “Demonlover” (2002), el retrato de cinco horas sobre el polémico ‘Chacal’ en “Carlos” (2010) o la historia de una aburrida asistenta de compras que intenta comunicarse con el fantasma de su hermano (“Personal Shopper”, 2016).

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Su proyecto más reciente –que se puede ver en Netflix– es “La Red Avispa”, que aborda el caso real de unos espías cubanos en territorio estadounidense en los años 90. El reparto de esa película lo conforman Penélope Cruz, Gael García Bernal, Édgar Ramírez, Ana de Armas y Wagner Moura. Una cinta que no se ubica entre lo mejor de su filmografía, pero que no por ello carece de interés.

Como parte de la edición 24 del Festival de Cine de Lima, se ha organizado una muestra con tres de las películas de Assayas –”Irma Vep”, “Summer Hours” (a nuestro gusto, uno de sus puntos más altos) y “Después de mayo”–, además de una clase maestra que el francés dictará este sábado 22, desde la virtualidad obligada por la pandemia. Y es justamente desde una ventana de Zoom que pudimos conversar con él.

Su última película, “La Red Avispa”, se enfoca en Latinoamérica, en los años 80 y 90, y está basada en hechos reales. Lo mismo ocurría con “Carlos”. ¿Es solo una coincidencia o algo de ese contexto le resulta interesante?

Bueno, aunque “Carlos” tenía como personaje principal a un venezolano [Carlos ‘El Chacal’], terminaba siendo una historia más europea que latinoamericana, porque el protagonista estuvo más activo en el Medio Oriente y Europa. Creo que lo que une a los proyectos es, más bien, la presencia de Édgar Ramírez. Desde que hicimos “Carlos” estuvimos en permanente contacto y buscando la oportunidad de trabajar juntos de nuevo. Y cuando apareció el proyecto de “La Red Avispa”, sentí que había algo que valía la pena explorar, y a la vez era una forma de extender lo que hicimos en “Carlos”, pero en un contexto latinoamericano que Édgar obviamente sentiría más cercano y yo más lejano, porque no estoy tan familiarizado con América Latina, desde luego.

El personaje que me resulta más interesante en “La Red Avispa” es el de Penélope Cruz (Olga). Esto alarga su predilección por los personajes femeninos en su filmografía. ¿Cómo trabaja las personalidades y detalles de las mujeres en sus películas?

Es una pregunta compleja y difícil de responder. Es cierto que una de las cosas que más me interesaba hacer en “La Red Avispa” era crear personajes femeninos interesantes, contar la historia desde el punto de vista de la esposa de René y de la novia de Roque. Porque el material inicialmente era mucho más masculino, pero fueron esos dos personajes, los de Olga y Ana Margarita, los que le dieron vida y un interés humano a la trama. Y tuve mucha suerte de tener a dos grandes actrices como son Penélope Cruz y Ana de Armas, además. Es verdad también que yo siempre me he sentido atraído por personajes femeninos fuertes, y eso responde a que en la modernidad los cambios sociales más interesantes y complejos se dan desde la posición de las mujeres. Es a través de la perspectiva femenina que el mundo se está transformando de forma más rápida, con mujeres teniendo acceso a trabajos y a posiciones dentro de la sociedad que hace 50 o 60 años habrían sido impensables. En ese sentido, la dinámica de la femineidad siempre ha sido una inspiración para mí.

La dimensión documental siempre ha estado presente en sus trabajos, y en esta película se hace más explícita. ¿Cómo explicaría su importancia?

Creo que cuando intentas abordar episodios de nuestra historia contemporánea, como en “Carlos” o “La Red Avispa”, entras en ciertas cuestiones conflictivas o divisivas. Pero yo no soy un cineasta militante. Tengo ideas políticas, sí, como todos, pero cuando abordas esas cuestiones tienes que ser muy preciso, no dejar que tu propio sesgo te defina en término de los elementos que empleas, de la perspectiva que usas para mirar la historia. Eso es algo que siempre ha sido importante en mi cine, pero incluso más importante en películas como esas. En “Carlos” tuve acceso a mucho material histórico, a transcripciones policiales, a documentos clasificados de servicios secretos. Y en el caso de “La Red Avispa”, que estuvo basada en un libro del periodista Fernando Morais, lo que me pareció interesante es que él tuvo acceso a muchísimas fuentes originales, y eso me permitió ser lo más preciso posible al describir los hechos. Yo no quería que esta película fuera vista como la militante, sino como una película veraz. Y estaría muy feliz si ambas partes –los cubanos y los anticastristas– al menos reconocieran que es un trabajo honesto. No les pido ni siquiera que estén de acuerdo con algunas de las posturas. Diría que es mi deber ser juzgado por la veracidad de lo que represento.

Me gustaría hacer una división en su filmografía: por un lado, aquellas con mucha energía, como “Demonlover” o “Carlos”; por otro, las más íntimas, como “Summer Hours” o “Personal Shopper”. ¿Cómo lidia con esa distinción?

Lo que ocurre es que odio hacer la misma cosas dos veces. Cuando termino de hacer una película con mucha energía, como dices, o que usa elementos de acción, empiezo a extrañar hacer películas que tratan enfocadas en personajes o más centradas en el diálogo. Es una forma de renovar mis deseos, mi inspiración. Luego de terminar “La Red Avispa”, solo tenía ganas de sentarme a escribir una historia con pocas personas dentro de una habitación o algo así. Porque, si te das cuenta, por más acción que puedan tener, no son películas de Hollywood, no cuento con los lujos de los grandes estudios. Entonces son películas difíciles de hacer, que demandan un esfuerzo, en las que cada mañana de rodaje sientes que debes sacar adelante algo. Y si son filmadas en un contexto como el de Cuba, se hacen más difíciles aún. Y cuando sales finalmente de ese caos, tu único deseo es hacer algo más sencillo y filmar en algún lugar donde puedas ir a pie del rodaje a tu casa.

¿Cómo ha afectado la pandemia sus proyectos?

Bueno, en diferentes formas. Por un lado, tuve mucha suerte con “La Red Avispa” porque se estrenó en Francia –que es su principal mercado–, entre un periodo de protestas y paralizaciones a fines del año pasado, y el inicio de la pandemia. La película llegó a las salas justo en esa pequeña ventana de tiempo en la que la gente podía ir a los cines, y le fue bastante bien en Francia. Ha sido la única película francesa que pudo hacer negocio este año. Lo que sí se frustró fue el estreno en otros países importantes, como Italia y España, pero ya teníamos el acuerdo de estreno en Netflix. También tenía previsto dirigir una ópera en Lyon, “Las bodas de Fígaro”, pero tuvo que cancelarse por la cuarentena. Pero aparte de eso he estado muy enfocado escribiendo nuevos proyectos, entre ellos una película que sé que puedo filmar con un equipo y un presupuesto pequeños, muy minimalista, así que creo que podré rodarla durante la pandemia.

¿Y cree que la pandemia y la cuarentena, sumado al crecimiento del ‘streaming’, vayan a cambiar la forma en que consumimos el cine, como piensan algunas personas?

No, no lo creo. Veamos: creo que sí hay una crisis obviamente ligada a la pandemia. Yo mismo no he ido a una sala de cine desde hace varios meses, y estoy impaciente, desearía hacerlo en este momento. Pero trato de ser cuidadoso. Sé que al minuto de que haya una vacuna, volveré a una sala, al teatro o a un concierto. Por otra parte, creo que la cuestión central de esta crisis no pasa tanto por las salas de cine, sino por las condiciones de filmación. Sé que hay películas que se están grabando ahora mismo, pero no creo que se estén haciendo en un contexto realmente pleno y creativo. No creo que se pueda lidiar con todos los protocolos de protección y seguridad y, simultáneamente, hacer una buena película. Creo que es muy difícil, al menos yo lo veo de esa manera. Y esa situación problemática para los rodajes es la misma para las películas, para las series de televisión y para cualquier otra producción que involucre a muchas personas. Ese es el verdadero problema: cuánto tiempo podrá el sistema completo sobrevivir a la pandemia. Técnicamente, en Francia los cines se reabrieron en julio, pero no les está yendo bien porque la gente no se siente cómoda ni segura de ir. Y sí, a las plataformas de ‘streaming’ les está yendo bien con la gente que se queda en casa. Pero en términos de generar nuevo material y crear películas, con esas posibilidades de rodaje limitadas, están en las mismas condiciones. No hay diferencia.

Ya que menciona la televisión, sé también que está trabajando una serie inspirada en su película “Irma Vep”, de 1996. ¿Podría el cine estar perdiendo cierto terreno frente a la narrativa televisiva?

Yo veo las cosas de otra manera. Para mí, la línea que trazo en la arena sería la de la libertad. Cuando tienes libertad creativa, hablamos de cine; pero si estás en una especie de entorno industrial, hablamos de TV. Por eso cuando hice “Carlos” nunca tuve en mente que estaba haciendo una miniserie para televisión. Canal+ estaba pagando por una película de cinco horas y media, algo por lo que ningún productor de cine hubiera pagado. Y la filmé en 35 mm, en ‘widescreen’; era más parecida a una película que varias de mis otras películas. Por eso mi definición de “Carlos” es la de una película larga, como “Fanny y Alexander” de Bergman o “Ludwig” de Visconti. Trabajé con el equipo de siempre, tuve total libertad creativa, nadie ni siquiera discutió el guion. Eso es cine para mí. Y sí, ahora estoy trabajando en un proyecto con A24 para hacer una versión tipo miniserie de “Irma Vep”. Y lo estoy haciendo como un experimento, lo cual me entusiasma. “Irma Vep” era una película experimental también, y si me piden hacer una versión en ocho partes de una hora, pues se abren muchas puertas, puedes intentar muchas cosas. En eso estoy involucrado y me estoy divirtiendo muchísimo. Lo bueno es que hoy existe mucha gente valiosa en el mundo de la televisión. Antes todo era muy corporativo, muy frío, muy técnico. Pero ahora se puede discutir proyectos interesantes, te encuentras con personas que comparten tus ideas y realmente quieren sacudir el sistema. Y es curioso que de los dos proyectos en los que trabajo actualmente, la película minimalista y la serie de TV inspirada en “Irma Vep”, es este último el que está mejor financiado y el que se hará a gran escala, mientras la otra la haré casi sin dinero.

Usted trabajó un tiempo en “Cahiers du cinema”. ¿Aún escribe sobre cine? ¿Cuál es su relación con la crítica?

Respeto mucho a los críticos de cine por el simple hecho de que yo mismo he ejercido el oficio. Creo que es muy importante que exista un diálogo en la práctica del cine y la teoría del cine. Pese a que a menudo discrepo con lo que leo, creo que si eres cineasta es fundamental tener ese tipo de retroalimentación, es estimulante. Todavía escribo de vez en cuando. De hecho, hace poco me senté a escribir un ensayo sobre la situación del cine actual, que será publicado acá en Francia en unos meses. Es algo que hago de forma ocasional.

Este sábado dictará una clase maestra como parte del festival, pero tengo entendido que odia enseñar. ¿Qué podemos esperar de esa sesión?

Sí, odio enseñar (risas). Pero soy feliz haciendo este tipo de clases o encuentros con estudiantes de cine. Me entusiasma responder preguntas, intercambiar ideas, pero solo puedo hacerlo durante una hora o una hora y media, no de forma regular. Ya tuve bastante de eso.

Clase maestra de Olivier Assayas

Sábado 22 de agosto, 11 a.m.

Transmisión gratuita por el Facebook del Festival: https://www.facebook.com/festivaldelima/

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