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Snchez: estadista ni por accidente

Snchez: estadista ni por accidente


La pelota est en el tejado del presidente: o ERC o Cs

J.J. GUILLN

Al espaol con memoria no le persuadir ninguna operacin de mercadotecnia para convertir a Snchez en un paladn de la unidad. Ni en un arquitecto de la Constitucin, segn presume la fantasiosa cuenta oficial del PSOE en redes sociales. Lleg al poder como lleg y con quien lleg, y se ha mantenido en l del mismo modo: alindose con los enemigos declarados de la democracia de 1978, hacindose investir por partidos responsables de una sedicin acreditada en los tribunales y gobernando con un partido de financiacin e inspiracin bolivariana que est imputado por corrupcin. Eso es el sanchismo.

Cremos quiz que los efectos devastadores de la pandemia y la necesidad de presentar credenciales de sensatez ante Bruselas para hacerse acreedor a sus fondos podran cambiar la naturaleza del escorpin. Pero el resultado de la reunin de ayer entre Snchez y Rufin, un portavoz en perpetuo agraz que llama “carceleros” a los garantes de la ley, no nos permite hacernos demasiadas ilusiones respecto de la conversin del aventurero de La Moncloa al menos en un estadista por accidente. Acierta en todo caso Rufin cuando afirma que los Presupuestos tienen ideologa, y por tanto la geometra infinitamente mvil de Snchez es un trile inasumible para todos sus socios eventuales salvo para el propio trilero, naturalmente.

La pelota est en el tejado de Snchez: o ERC o Cs. Un Podemos demediado por su desfondamiento electoral, su horizonte judicial y la domesticacin ideolgica de Iglesias ante el Ibex quiz resulte un obstculo salvable en una negociacin reconducida hacia el centro moderado. Pero si en la ecuacin participa el partido responsable de un golpe de Estado, que mantiene su vocacin golpista para competir con Puigdemont en las catalanas, ya no hay transaccin posible.

Snchez tiene que elegir. En Europa y en Espaa los intereses generales estn alineados y pasan por un alejamiento de las posiciones radicales. Macron acaba de presentar un ambicioso plan de reconstruccin de la economa francesa que tiene por eje las moratorias fiscales para estimular el crecimiento, exactamente lo contrario de lo que exige Podemos, por no hablar de la reforma laboral o el gasto disparado. Si Snchez, como se conoci ayer, se deja presionar por Iglesias hasta el punto de convocar de nuevo la mesa extraparlamentaria de la vergenza con el separatismo, es obvio que Arrimadas debe bajarse de la negociacin presupuestaria so pena de traicionar todo aquello por lo que fue fundado Cs. Precisamente la virtud de su audaz gesto de colaboracin con alguien como Snchez solo se justifica, como ella ha recordado, por el efecto de limitar la influencia de Podemos en la accin de gobierno y cortocircuitar la de Rufin y Otegi. Y unos Presupuestos son la traduccin del programa del Gobierno.

En unos das sabremos si el juego de Snchez concluye en una tmida epifana de moderacin o retorna a su zona de confort parlamentaria, tambin llamada coalicin Frankenstein, pese a los 50.000 muertos y la devastacin econmica que tan solo empieza a dibujarse.

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