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¿Tienes miedo a confiar en los demás? Podrías sufrir pistantrofobia

¿Tienes miedo a confiar en los demás? Podrías sufrir pistantrofobia


¿Te da confianza cuando alguien te dice «déjate caer de espaldas, que yo te sujeto»? Supongo que la respuesta reside en según qué persona te está esperando con los brazos abiertos para evitar una caída. La confianza funciona así: unos nos transmiten seguridad mientras a otros nunca les confesaríamos algo íntimo sobre nosotros mismos, entre otras cosas.

Sin embargo, hay quienes no diferencian porque no confían en nadie. Sí, personas con un miedo irracional y exagerado que viene dado por una mala experiencia en el pasado en el que algo suyo, una información personal contada a terceros, se soltó a los cuatro vientos y, con ello, su privacidad se vio violada. «Este miedo está relacionado con haber tenido experiencias en las que hemos aprendido de forma directa o indirecta que confiar ha sido peligroso», resume Ana de la Mata, psicóloga el centro psicológico Cepsim. De modo que las relaciones dejan de ser una fuente de apoyo y disfrute, aunque la persona en cuestión pueda desear intensamente conectar y poder confiar en otros.

Al parecer, según dice la psicóloga Ana de la Mata, todos experimentamos dicho miedo en algún grado o forma a lo largo de nuestra vida: «Y nos es útil porque nos avisa de posibles peligros para nuestra integridad física y emocional y por lo tanto pone en marcha respuestas que nos permiten huir o luchar contra dichos peligros».

El miedo

El pesimismo defensivo tiene mucho que ver con la pistantrofobia: aquellos cuya negatividad va siempre por delante nunca se plantean que alguien pueda ayudarles. Es por eso que anticipan que los otros no serán capaces de entenderles, que los otros no podrán responder a sus necesidades o que les dañarán. «Esperan que los demás no sean receptivos ni sensibles a las propias necesidades o estados emocionales; que no les creerán, se reirán de ellos, no se pondrán de su parte, les harán preguntas deshonestas o sentirán pena por ellos», explica la psicóloga.

Por otro lado, y dado que el miedo a confiar tiene que ver con experiencias en las que confiar no nos salió bien, nos surge la duda o sacamos por conclusión que lo que nos ha ocurrido tiene que ver con que no tenemos criterio para elegir a las personas confiables, que somos malos o que no nos quieren: «Hay que entender que el miedo no es solo a lo que el otro nos pueda hacer, sino a poder fiarnos de nuestro propio criterio y sentimiento de valía», comenta la experta.

Conductas características

El miedo a confiar puede afrontarse desde dos posiciones: tratando de evitar que los demás nos defrauden o evitando las situaciones de intimidad.

Explica Ana de la Mata que cuando tratamos de evitar que los demás nos defrauden amplificamos la expresión de nuestras emociones con el objetivo de asegurarnos de que el otro las va a captar: «Tratamos de caer bien llegando a olvidarnos de nuestras propias necesidades y experimentamos dificultades para decir que no». Al parecer, desde esta posición podemos sentir que en las relaciones no recibimos tanto como damos o que no podemos predecir cuando el otro estará disponible para nosotros.

Por otro lado, cuando tratamos de evitar la intimidad nos alejamos de los demás real o emocionalmente: «Ya que relacionarnos y establecer vínculos seguros con otras personas es una necesidad, para poder distanciarnos también es necesario que nos distanciamos de nuestras propias emociones o necesidades eludiéndolas o minimizándolas», comenta la psicóloga. Desde esta posición podemos experimentar que sentimos menos que los demás y que los demás son los que sienten demasiado. Es más, dice Ana de la Mata que podemos sentir que los demás nos demandan demasiado afecto y que las relaciones interpersonales son muy cansadas: «Esto no significa que sean personas solitarias, todos tenemos un familiar simpático con el que coincidimos en las celebraciones, con el que nos reímos, que siempre nos dice que todo va bien, pero en realidad no sabemos mucho más sobre él».

En nuestras relaciones siempre va a haber momentos de falta de sintonía, momentos en los que el otro o nosotros no seremos capaces de captar y cubrir perfectamente todas las necesidades y estados emocionales, pero estas rupturas de sintonía se pueden reparar.

Citando a Cyrulnik: «Si os digo lo que me ha ocurrido, no me creeréis, os echaréis a reír, os pondréis de parte del agresor, me formularéis preguntas obscenas o, peor aún, os apiadaréis de mí. De modo que callaré para protegerme, descubriré únicamente la parte de mi historia que sois capaces de soportar. La otra parte, la tenebrosa seguirá viviendo en silencio en los sótanos de mi personalidad».

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