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Vox | Globalismo o soberanía, al estilo Vox – El Salto

Vox | Globalismo o soberanía, al estilo Vox - El Salto


Este martes, la diputada de Vox Rocío de Meer lanzaba un mensaje en su Twitter que bien se podría confundir con algunas de las proclamas del movimiento antiglobalización o incluso de alguna de aquellas pancartas que colgaban de las tiendas de campaña que abarrotaron la Plaza Sol en el 15M. “Ni izquierdas. Ni derechas. Ni centros. Globalismo o soberanía.”, proclamaba De Meer.

No es nada nuevo que la extrema derecha use lemas antiglobalizadores, Trump ha sido un maestro en esa estrategia, que muestren mensajes que indicen que lo que pretenden es ejercer una política de reconfiguración económica y de proteccionismo para “defender al trabajador español”. Mensajes que despolitizan la globalización (ni de izquierdas ni de derechas) y a las personas que se ven afectadas por ella para captar la atención y el voto de los perdedores de dicha globalización. Tampoco es nada nuevo que la extrema derecha mienta y que esconda su mensaje elitista tras una cortina de humo como la que muestra el mensaje de la diputada o muchas de las campañas y lemas que han enarbolado los del partido de Abascal en esta crisis.

No nos engañemos ni nos dejemos engañar, Vox no está en contra de la globalización. Está en contra de que las nuevas élites globales les dejen sin el trozo de pastel del que llevan gozando desde el franquismo. Y ni tan siquiera les molesta compartir ese pastel, como llevan haciendo desde que en las reconversiones industriales de los 80 y la entrada a la Unión Europea se abriera España al capital extranjero. Lo que ocurre es que ahora ven el riesgo de perder casi toda su tajada, de no pintar nada, de seguir siendo ricos pero sin poder alguno. La globalización, esa que señalan, fue la que abrió la puerta a ese capital. El libre mercado, que tanto pedían, les mostró que no eran tan élites y poderosos si los comparas en una escala mundial. Quieren make España great again, pero su España, no la de la mayoría.

Vox no está en contra de la globalización. Está en contra de que las nuevas élites globales les dejen sin el trozo de pastel del que llevan gozando desde el franquismo

Por eso apuntan a ese proceso, por eso se muestran antiglobalizadores, pero saben que no ganarán esta batalla si no son capaces de convencer a la población, a los que están abajo y son los verdaderos perdedores de la globalización, de que ellos ganarán también si se revierte de alguna manera esa apertura al mundo. Ahí es donde su mensaje se intenta confundir con las proclamas ‘antiglobi’, intentan mostrar que defienden a los de abajo cuando solo defienden ese cortijo que ellos se creen con derecho a explotar por tener los mismos apellidos compuestos que llevan explotándolo desde hace un siglo.

La globalización con la que quiere acabar Vox es la que ha permitido que entren personas migrantes a buscarse la vida, pero no con la que ha permitido que el capital de la mayor gestora de fondos del planeta, BlackRock, haya entrado la mayoría de accionariados del Ibex 35. De Meer habla de “invasión” cuando se refiere a los migrantes que llegan a las Islas Canarias en las últimas semanas, pero, como al resto de derechas, se les llena la boca para hablar de la necesidad de atraer capitales e inversión al país. Hablan del “fracaso del multiculturalismo” y nos alarman de los peligros que esos extranjeros atañen para el español de a pie, pero nunca les oirás quejarse de que en las juntas directivas de las grandes empresas españolas (incluidas las que en su día fueron públicas) estén llenas de directivos que no hablan ni media palabra de español y a la cual les importa un carajo lo que le pase al trabajador en el país, porque están ahí para sacar la mayor tajada posible para los accionistas a los que representan y que no son precisamente españoles. Les molesta el inmigrante en patera, no el que llega a Barajas y le recoge un coche privado para llevarlo a la Sareb o al Banco Santander a que compre paquetes de viviendas. Molesta la globalización que permite entrar a las empresas chinas (el capital comunista sí que les da miedo), pero no la que permite que el Ibex 35 tenga más de 800 filiales en paraísos fiscales.

Atacan en público a la globalización que ha afectado a los de izquierdas, a los de derechas y a los de centro, pero en privado se reúnen con fondos de inversión internacionales, tal y como ha alardeado el propio Iván Espinosa de los Monteros tras una de sus visitas a la City londinense. Como si esa gente y su dinero no fuera la principal representación del capitalismo globalizado. Como si esos directivos, esos accionistas y ese dinero no estuvieran aquí para extraer toda la riqueza posible sin importarle lo más mínimo el país. No les molesta esa gente y esa globalización porque son exactamente igual que ellos y sus políticas.

La soberanía que quiere Vox es la que le permita expulsar a los inmigrantes para “proteger el trabajo de los españoles”, pero no para proteger a la empresa española de que un fondo buitre la compre

La otra trampa es la del uso de la palabra “soberanía”. La soberanía que quiere Vox es la que le permita expulsar a los inmigrantes para “proteger el trabajo de los españoles”, pero no para proteger a la empresa española de que un fondo buitre la compre, la deshaga y despida a miles de trabajadores. No es para proteger a los inquilinos e hipotecados desahuciados, sino para que los grandes fondos inmobiliarios no les quiten todo su negocio rentista. Lo comparten, sí, pero no quieren perderlo del todo. Una soberanía para proteger a sus empresarios patrios ante la imagen pública, pero no para proteger a los trabajadores y trabajadoras cuando Amancio Ortega cierre 300 tiendas o Ana Patricia Botín presente su ERE para 4.000 empleados.

Nos quieren mostrar que la cara de la globalización es la que llega en una patera desde un país del sur y no la de un empresario cerrando una fábrica española y llevándose la producción a esos mismos países del sur. Hacernos creer que ganamos todos si ellos llegan al poder político y nos hacen un país más soberano, cuando no enfrentan ninguna de las políticas liberales globalizadoras que han precarizado nuestras vidas y desprotegido a nuestras pequeñas empresas y sus empleados.

Las políticas y discursos en contra de la globalización, o que quieran otro tipo de globalización, deben encarar las políticas neoliberales que han llevado al planeta a una mayor desigualdad, tanto entre países como entre los de arriba y los de abajo dentro de ellos. La soberanía que necesitamos es la que nos permita decidir qué queremos hacer con nuestro futuro y a qué queremos enfocar nuestros presupuestos sin el yugo de la Unión Europea o la vigilancia de los frugales. Soberanía que nos permita regular el precio de la vivienda o subir impuestos a los que más tienen sin caer en los chantajes del gran capital extranjero o de la CEOE. Políticas soberanas que pongan por delante las necesidades de la mayoría frente a los intereses de las viejas élites españolas y las nuevas élites globales. No encontrarás nada de eso en el discurso de Abascal o De Meer. Vox quiere una soberanía sobre el poder político para dar rienda suelta al poder económico, al mismo poder económico que no le hace ningún asco a la globalización porque son pura globalización.



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